viernes, 24 de julio de 2026

 Ella tiene la costumbre de no tener costumbres. 
Cada día encuentra una manera nueva de sorprenderme. 
Sus ojos pequeños guardan una intensidad que atraviesa cualquier distancia, y sus manos grandes tienen algo único; cuando acarician, son la suavidad que me falta y la intensidad que necesito.
Cuando está cerca, el mundo parece detenerse. 
Resulta imposible mirar hacia otro lado o prestar atención a otras voces. 
Su presencia llena cada espacio, y su personalidad, inmensa y luminosa, envuelve todo con una magia difícil de explicar. 
Tiene el extraño don de llegar al alma de las personas, especialmente de aquellas que cargan tristezas, y hacerles sentir que todavía existe un motivo para sonreír.
Compartimos largas conversaciones; ella me cuenta su vida paso a paso, como quien abre despacio las páginas más íntimas de un libro. 
Yo también le entrego mis secretos, esos que pocas veces encuentran palabras; entre una confesión y otra vamos descubriendo nuestras historias, nuestros miedos, nuestras alegrías y nuestras cicatrices.
Muchas veces me pregunto cómo habrá sido en otros tiempos. 
La imagino audaz, intrépida, avanzando sin miedo, abrazando la vida con toda su fuerza. 
La imagino desafiando tormentas, atravesando caminos difíciles y saliendo adelante. 
Y aunque no haya estado allí para verlo, siento que esa mujer sigue existiendo en ella.
También me pregunto qué dolores guarda en silencio, en qué momento se encuentra con el miedo, en qué rincón de la vida aprende a convivir con las heridas.
Porque a veces creo adivinar cicatrices invisibles detrás de su sonrisa. 
Entonces nace en mí el deseo de apoyarle una mano sobre el pecho y ayudarla a cerrar aquello que todavía duele. 
No porque necesite ser salvada; ella sabe sostenerse sola. 
Lo deseo porque su felicidad también importa en mis días.
Ella es como la corriente del río, va y viene; aparece y desaparece.
y siempre deja algo cuando pasa.
Cuando se aleja, se lleva una poesía; cuando regresa, trae inspiración. 
Muchas de las palabras que escribo nacen de ella, de sus gestos, de sus silencios, de esa manera tan suya de decir lo que siente sin necesidad de hablar. 
Su cuerpo contiene muchas de mis metáforas y ella lo sabe, por eso encuentra la forma de marcar el camino de sus deseos con apenas una mirada.
No sé exactamente cuándo comienza esta historia; tal vez empieza con un saludo, tal vez con una conversación, tal vez mucho antes, en algún lugar donde los destinos se reconocen antes de encontrarse.
Lo que sí sé es que ella deja huellas en cada instante.
Y mientras yo intento recordar el día preciso en que todo comienza, ella, seguramente, ya lo guarda en su memoria con cada detalle.
Porque hay personas que llegan a la vida para quedarse en los pensamientos, y ella habita los míos con la misma naturalidad con la que el río abraza sus orillas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

"Gracias por comentar mis letras....espero tu próxima visita....."

Entre Vos y Yo. +

El brillo de tus ojos, el color de tu cabello y la sensualidad que despliegas en cada palabra de enojo, solo está en vos, en las canas que e...