La luna se esconde
tras el abanico de tu dulzura.
La cortina desciende lentamente
y sobre la avenida
su manto de misterio.
El living queda a media luz,
dibujando sombras suaves
sobre tu figura,
mientras tus brazos me rodean
con la calma de un refugio esperado.
El murmullo lejano del televisor
se vuelve apenas un eco,
porque el mundo se detiene
cuando tu presencia lo llena todo.
Entre cafés compartidos
y palabras que despiertan sonrisas,
tu voz se desliza lentamente,
como una caricia que encuentra
los rincones más profundos del alma.
El minutero deja de avanzar.
Tus ojos sostienen los míos
y el aire parece cargarse
de una tibia electricidad,
de esa cercanía que no necesita explicarse,
porque habla en silencios,
en miradas prolongadas,
en el suave roce de las manos.
Y con tu conversación,
la vida vuelve a ser hermosa.
Hermosa como la luz tenue
que acaricia tu rostro.
Hermosa como el perfume
que permanece en el ambiente
cuando te acercás.
Hermosa como cada instante
que compartimos,
más allá del mundo
que insiste en correr apresurado.
Porque cuando la luna se esconde
y la noche nos encuentra así,
tan cerca,todo parece rendirse
ante la magia de tu presencia.
Y en esa media luz,
entre palabras, suspiros
y el calor de tu abrazo,
la vida vuelve a florecer,
tan dulce,tan intensa,
tan bella como vos.

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