miércoles, 5 de agosto de 2026

Pienso en Vos.

 Cuando la noche cae despacio
y el mundo se vuelve silencio,
pienso en vos…
como quien busca una estrella
para no perderse en la oscuridad.
Porque aunque el cielo apague el sol,
hay una luz que no se rinde,
la que vive en tu sonrisa,
la que respira en tu voz
cuando pronuncias palabras suaves
que acarician el alma.
En esta noche tranquila
tu recuerdo camina por mi pecho
como un perfume tibio,
dulce, acaramelado,
que despierta los latidos
y vuelve más profundo el amor.
Y mientras la luna vigila el cielo
y las horas se vuelven susurro,
cierro los ojos
y te nombro en silencio.
Porque aun cuando el mundo duerme,
vos seguís iluminando mi vida
como un sol secreto
que no se esconde nunca.
Buenas noches, amor…
que los sueños te abracen suave
y que en algún rincón de tu descanso
mi corazón también te encuentre.


martes, 4 de agosto de 2026

Limite Natural.

 Al límite de lo desconocido,
de lo casi sobrenatural,
hay un placer callado
que sólo nace de la entrega total.
Descubrir que es posible
con la simple sensibilidad
de dejarse ir, de verte sonreír, sudar,
cerrar los ojos como si el mundo fuera un sueño.
Fue y sigue siendo uno de esos instantes
más intensos, más verdaderos.
A media luz, en el preciso momento
en que la cabeza se desprende del cuerpo
y el alma, sin pedir permiso,
encuentra refugio en otra.
Ahí,donde todos los sentidos
se reúnen al borde de la piel,
marcando un compás de latidos
que ningún instrumento podría imitar.
La poesía que sólo sucede
donde sólo vos sabés encontrarme,
y yo sé que vamos,
una vez cada tantas vueltas
de una aguja que ni existe.
En ese lugar que nadie imagina,
que sólo vos y yo conocemos.
Cuando se cierra la puerta,
baja la persiana y la ventana se entreabre apenas,
mientras gira, persistente,
el ritmo tibio de un ventilador.
El aire se vuelve denso,
la mirada se nubla, la voz apenas susurra
lo que solo existe entre dos.
Porque hay cosas que solo pasan
cuando el mundo queda afuera,
cuando el sudor canta
la más sincera de las melodías.
Entre tus labios, mi cuerpo y la poesía.

Los Arquitectos del Nosotros.

Un beso robado,
un escote que desafía la prudencia,
una caricia llegando justo cuando el alma
olvidaba cómo latir.
Una noche en la rambla,
un paseo sin destino,
la calle Corrientes desbordando luces
entre pizzerías antiguas
y una mesa donde dos empanadas
sabían a promesa.
Una sonrisa.
Un instante de silencio compartido
al costado del viejo farol,
porque hay conversaciones
que solo pueden decirse callando.
Después, la ducha,
lavando el día,
dejando que el agua terminara
las frases que nuestros labios
ya no necesitaban pronunciar.
Un mate amargo,
como debe ser la vida
cuando también sabe regalar dulzura.
Dos cubos de hielo,
la medida justa cayendo del gotero,
y un café filtrado hasta el final,
como quien no quiere perder
ni la última gota de un recuerdo.
Una pelota de trapo,
una ruta interminable,
el Paraná respirando despacio
mientras el viento aprendía nuestros nombres.
Unos kilos de más,
o unos de menos...
Qué importancia tienen esas cuentas
cuando debajo del acolchado
se está construyendo un refugio.
Los arquitectos están de acuerdo.
La obra avanza.
Cada abrazo levanta una pared,
cada beso sostiene una viga,
cada mirada abre una ventana
por donde entra el futuro.
Lo demás
son palabras viejas,
ecos de recuerdos gastados
que el viento decidió llevarse.
Porque al final, amor,
no somos las calles que caminamos,
ni los cafés, ni las noches, ni las estaciones.
Somos esa casa invisible
que construimos de a dos,
donde cada regreso
siempre tiene el mismo destino:
tu abrazo,
el mío,
y la certeza de que el amor,
cuando encuentra a sus arquitectos,
jamás deja la obra inconclusa.

Locos en Buenos Aires.

 Sos el rock que bailamos sobre la cama,
cuando el mundo quedaba del otro lado de la ventana
y la única verdad era el calor de nuestras manos.
Sos el café con leche en medio de la ruta,
el silencio compartido entre kilómetros,
y ese instante eterno en el sillón
de un pequeño living prestado,
un fin de semana lejos de casa,
donde descubrimos que el hogar
nunca fue un lugar, sino vos.
Sos el mate con whisky,
el café después,
esa mezcla improbable
que sólo comprenden los locos de Buenos Aires,
los que caminan Corrientes de madrugada,
los que se confiesan entre besos interminables
mientras un perro rasca una puerta cualquiera
y un viejo ventilador gira sin ritmo,
como si también soñara.
Somos lo que somos,
lo que fuimos y lo que todavía nos espera.
Sentados en el piso
de un lugar cualquiera,
desnudos ante la vida,
sin más equipaje que la risa,
la música de siempre
y la certeza de que el amor
no necesita grandes escenarios.
Porque mientras exista un abrazo
capaz de detener el tiempo,
una calle donde perderse juntos
y una canción que nos encuentre bailando,
seguiremos siendo eso:
dos locos enamorados,
escribiendo con besos
la más hermosa poesía
que Buenos Aires haya visto pasar.

lunes, 3 de agosto de 2026

El Hogar.

 Donde el viento despliega toda su inmensidad
y las hojas de los álamos comienzan a deslizarse,
es justo allí, en ese instante detenido,
cuando tu sonrisa busca el abrigo
y tus ojos se iluminan con el regreso al hogar.
Dejamos atrás la orilla del río,
encendemos los leños uno a uno,
y el fuego, paciente, aprende nuestros nombres
mientras el mundo queda afuera,
tan lejano como un sueño olvidado.
Entonces somos uno,
sin relojes, sin distancias,
solo el crepitar de la madera
y el viejo tocadiscos girando a 33 revoluciones,
dejando escapar nuestra canción,
esa de siempre,
la que aprendió a vivir en nuestros abrazos.
Tus labios encuentran los míos
como si nunca hubieran conocido otro destino,
y cada beso despierta en mi pecho
el mismo temblor de la primera vez.
Tu cuerpo florece junto al mío,
y el latido de tu amor
se confunde con el de mi corazón,
porque basta mirarte
para comprender que la felicidad
tiene el sonido del río,
el aroma de la leña encendida
y el milagro de volver a encontrarnos.
Mientras la noche se queda velando la ventana,
agradezco en silencio al viento,
a los álamos, al río y al destino,
por regalarme este refugio
donde tu amor y el mío
son el único universo que necesito.

Cuando te Miro.

 Cuando te miro,
esas gotas de sudor dibujan en tu piel
un idioma que sólo mi corazón comprende.
Es el instante más hermoso del día,
aun cuando tus ojos no busquen los míos;
porque en el silencio de tu mirada
ya está escrita la invitación.
Una leve mueca,
un gesto apenas nacido en tus labios,
y todo queda dicho.
Vos y yo entendemos la señal,
como en la última partida de truco,
con el ancho escondido en la mano
y la sonrisa como única apuesta.
Entonces la casa deja de ser paredes,
se transforma en un universo secreto,
en un juego imposible de explicar
y maravilloso de vivir.
La pasión no necesita palabras;
le alcanza con el roce del aire,
con la respiración que se acerca,
con la promesa de un abrazo
que siempre encuentra el camino de regreso.
Y mientras el tiempo pasa,
nos sigue encontrando del mismo lado,
descubriéndonos una y otra vez,
como si el amor tuviera la extraña costumbre
de volver a elegirnos en cada mirada,
en cada silencio, en cada latido

domingo, 2 de agosto de 2026

Gracias.

Me detengo a contemplarte,
como quien descubre que el tiempo
también sabe regalar eternidades.
Agradezco el habernos cruzado,
tal vez tarde...
o quizás en el único instante
que el destino tenía escrito para nosotros.
Fue en aquella vereda,
cuando tu beso se infiltró en mi cuerpo
como la lluvia en la tierra sedienta,
y tu ser encontró en el mío
un refugio para quedarse.
Desde entonces,
mis manos aprendieron tu geografía,
mi piel pronuncia tu nombre en silencio
y mi alma reconoce la tuya
como si siempre hubiera sido su hogar.
No sé si existen palabras
capaces de nombrar lo inmenso de este amor.
Solo una vuelve una y otra vez,
humilde, sincera, infinita...
Gracias por habitar mis días,
por hacer de un abrazo un universo,
y de cada latido compartido
la certeza de que hay encuentros
que no llegan tarde...
Llegan exactamente
cuando el amor decide comenzar.

Asi es Ella.

Una aguja perdida en un pajar,
una botella de agua en el desierto,
una nube que se atreve
a cruzar el imperio del sol.
Una estrella derramada en mi café,
una lágrima nacida del sentimiento,
una certeza imposible
que el destino dejó sobre mi pecho.
Así es ella.
Se entrega con el alma abierta,
sin disfraces,
sin esconder la verdad de su piel
tras la absurda oscuridad de las máscaras.
Y por eso es más hermosa,
porque habita su cuerpo
como quien habita un milagro.
Me pierdo cuando la pienso,
cuando su voz pronuncia mi nombre,
cuando el silencio se sienta a nuestro lado,
cuando sus brazos encuentran los míos
y el mundo deja de tener fronteras.
Entonces el tiempo se vuelve agua,
los relojes olvidan su oficio,
los minutos se derriten
como cera bajo la llama de un deseo antiguo.
Nos descubrimos lentamente,
como dos mares que aprenden
el idioma de sus propias mareas.
Cada roce es una promesa,
cada latido una puerta,
cada suspiro un universo.
El calor dibuja sobre la piel
pequeños ríos transparentes,
y el amor nos hace navegar
sin miedo al naufragio.
En sus ojos encuentro refugio,
en su abrazo la eternidad,
y en la profundidad de su existencia
me extravío feliz,
como ella se pierde en la mía.
Si amar así no es un milagro,
si dos almas fundidas en un mismo instante
no son la más perfecta de las maravillas,
entonces que alguien me explique
por qué el universo entero
parece detenerse
cada vez que ella me ama con su presencia.

Ella Sonríe.

Es esa sonrisa la que me alegra el día,
la que despierta la luz donde la sombra dormía.
Ese gesto sencillo, casi un secreto,
que convierte un instante en un universo completo.
Es la dulzura que sólo conocen tus ojos,
traviesos, cómplices, llenos de antojos;
con la picardía de saber cuándo y cómo,
de qué forma rozar el alma sin decir el nombre.
Después de tal cosa... antes de tal otra,
siempre encontras el momento exacto
para regalarme esa risa que desarma mis silencios.
Y esos hoyuelos, mostrando lo justo...
apenas lo justo para invitarme a imaginar el resto.
Y ese resto...
ese que no necesita palabras,
porque significa todo, el refugio, la calma, el deseo,
la certeza de que el mundo, por un instante,
cabe entero en tu sonrisa.
Si algún día me preguntan
dónde aprendí la felicidad,
no señalaré un lugar ni un camino;
diré simplemente que la vi nacer
en la curva de tus labios
mientras tus ojos, sonriendo primero,
me enseñaban a creer en los milagros.



Donde tu Piel me Nombra

Tu sonrisa tiene el abuso
de saber que, cuando apoyás
la tibieza desnuda de tu pecho sobre el mío,
el mundo olvida su antiguo idioma.
Todo cambia.
El color se derrama por las paredes,
la música nace donde antes había silencio,
y el clima gira, rotundamente,
hacia el norte de tu cuerpo.
Basta un roce.
Apenas la caricia distraída
de tu piel buscando refugio en la mía,
para que el tiempo se quede inmóvil
mirando cómo dos latidos
aprenden a respirar al mismo compás.
Tu abrazo no pide permiso;
entra en mi pecho
como la lluvia entra en la tierra sedienta,
dejando un perfume nuevo
en cada rincón de mi deseo.
Y entonces comprendo
que no es el cuerpo quien enciende el incendio,
sino esa manera tuya de acercarte,
de sonreír, de convertir un simple contacto
en un universo entero.
Porque cuando descansás sobre mí,
ya no existen distancias,
solo el milagro de dos pieles
que descubren, sin decir una palabra,
que el amor también sabe hablar
con el lenguaje silencioso de un roce.

La Camisa Blanca.

Tu figura, envuelta apenas
en mi camisa blanca,
parece nacida de la luz
que entra despacio por la ventana.
La tela cae sobre tus hombros
como una nube de verano,

y debajo de ella
la imaginación completa
lo que los ojos apenas alcanzan.
La bombacha blanca
es un destello de espuma,
como el primer instante
en que el champán despierta
y sus burbujas ascienden
celebrando un momento
que solo pertenece a dos.
Me gusta observarte
cuando finges no darte cuenta.
Esa sonrisa discreta,
esa manera de cruzar las piernas,
de acomodar la camisa
como si quisieras cubrirte...
y al mismo tiempo
dejar que el misterio permanezca.
Hay un lenguaje
que no necesita palabras.
Habla en la forma
en que nuestras miradas se buscan,
en la respiración que se vuelve lenta,
en la distancia que poco a poco desaparece
hasta que solo queda
el silencio de dos corazones
marcando el mismo compás.
Nuestra casa conoce ese idioma.
La mesa ha sido testigo
de conversaciones interminables,
de risas compartidas,
de brindis improvisados
y de abrazos que comenzaron
sin que ninguno de los dos
supiera exactamente cuándo.
También el suelo
guarda la memoria de nuestros pasos,
la tibieza de los pies descalzos,
el perfume que queda suspendido
cuando el tiempo decide detenerse
para regalarnos un instante
que parece no tener final.
No es la prisa
la que escribe nuestra historia.
Es el recorrido.
Es cada pausa,
cada caricia insinuada,
cada beso que demora su llegada,
porque ambos sabemos
que los momentos más intensos
no nacen del apuro,
sino de la paciencia
con que dos almas
aprenden a encontrarse una y otra vez.
Y mientras el mundo
continúa su carrera interminable,
nosotros inventamos un refugio
entre paredes sencillas,
donde una camisa prestada
puede convertirse en el vestido más hermoso,
y una noche cualquiera
en el recuerdo que más vale conservar.
Entonces te miro
como si fuera la primera vez.
Descubro en tus ojos
la misma complicidad de siempre,
esa promesa silenciosa
de seguir caminando juntos,
de seguir sorprendiéndonos,
de seguir encontrando belleza
en los pequeños detalles.
Porque al final,
lo que hace inolvidable nuestro amor
no son los lugares, ni las horas,
ni siquiera los recuerdos.
Es saber que, cuando te acercas
con mi camisa sobre la piel
y esa sonrisa que solo me pertenece,
el universo entero parece detenerse
para contemplar,
aunque sea por un instante,
la sencilla y maravillosa felicidad
de dos personas
que siguen eligiéndose cada día.

Entre Vos y Yo. +

El brillo de tus ojos, el color de tu cabello y la sensualidad que despliegas en cada palabra de enojo, solo está en vos, en las canas que e...