No te quiero cuando volvés del mercado
con el pan bajo el brazo
y el perfume de las mandarinas pegado a las manos.
No te quiero por el almuerzo de los domingos,
ni por las veces que le ganaste la batalla
a los meses difíciles
con apenas un puñado de paciencia y una sonrisa.
Yo te quiero así.
Con la tarde derramándose sobre la provincia,
a veinte minutos de una ciudad que nunca duerme
y que, sin embargo, esta noche parece nuestra.
Semidesnuda, de pie junto a la ventana,
las uñas pintadas de un rojo insolente,
como si todavía tuvieran algo que discutirle al tiempo.
Yo, a tu lado, mate en mano,
fingiendo que miro la avenida
cuando en realidad hace tiempo
que no sé mirar otra cosa que no seas vos.
Abajo, los autos pasan como si llevaran urgencias ajenas,
algún colectivo se lleva las últimas luces del día
y un perro ladra, inútilmente,
a la luna que asoma entre los edificios.
Buenos Aires respira allá, a lo lejos,
con sus cafés que no cierran,
sus taxistas filósofos
y sus amantes que todavía creen
que el amor es una cuestión de horarios.
Nosotros sabemos que no.
Porque el amor sucede acá,
en este rincón improbable del mundo,
donde tus hombros conocen mis manos
y nuestros silencios ya aprendieron a tutearse.
Me gusta cómo sostenés el mate,
como si guardaras un secreto entre los dedos.
Me gusta la curva tranquila de tu espalda
dibujada por la luz de la ventana.
Me gusta esa costumbre tuya
de mirarme apenas de reojo,
como si después de tantos tiempo
todavía no estuvieras segura de haberme elegido.
Y entonces nos quedamos así, sin decir nada.
Vos mirando la avenida, yo mirándote a vos.
Porque hay cosas que no necesitan palabras,
el reflejo de la ciudad en el vidrio,
la noche entrando despacio en la habitación,
tu respiración acompasando la mía,
y ese milagro discreto de seguir encontrándonos
después de haber sobrevivido a tantas despedidas.
Tal vez mañana vuelvas del mercado.
Tal vez haya que pensar en la cena, pagar cuentas,
hacer planes que nunca cumpliremos.
Pero esta noche no.
Esta noche sos apenas una mujer hermosa
junto a una ventana abierta,
y yo un hombre que tuvo la suerte improbable
de llegar a tiempo a tu vida.
Y mientras la avenida sigue su camino hacia la Capital,
indiferente a nuestra pequeña eternidad,
nos miramos en silencio,
como se miran los que ya no tienen nada que demostrarse.
Y en ese silencio, amor,
sin importarnos la ropa, ni el lugar, ni la hora,
seguimos diciéndonos lo único importante:
que todavía nos elegimos
.jpg)
No hay comentarios:
Publicar un comentario
"Gracias por comentar mis letras....espero tu próxima visita....."