El cielo amaga una y otra vez,
y desde el último piso
el viento revolotea la ropa
como si jugara con la mañana.
Sobre el río los veleros regresan,
y en la calle el sol quiebra la luz temprana
con un otoño que empieza a llegar,
despacio… muy despacio.
Como llegaste vos.
Paso a paso,
sin romper nada de lo que encuentra tu camino,
enarbolando la bandera de la paz
y no la de la guerra;
la del diálogo
y no la de los gritos desaforados.
Así, entre pasos lentos,
comenzaste a construir
un hermoso nido de sensaciones:
caricias, alegrías,
pequeños instantes que fueron armando el día.
de un beso,
de una flor de perfume suave y fino.
Lejos de las discusiones
que a diario llenan el mundo
y a veces opacan el sol.
Porque el sol
solo hay que recibirlo
sin enojos,
solo con sonrisas.
Y entonces
el día y nosotros
encontramos el resto del camino,
aun frente a la adversidad
más grande que se pueda imaginar.
Porque el amor verdadero
no levanta la voz,
no empuja, no hiere.
El amor verdadero
camina despacio,
como el otoño que llega,
y cambia el mundo
sin violencia.
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