La magia está en sus ojos,
en ese decir sin palabras
que me nombra y me desarma,
como si el silencio supiera más que el lenguaje.
Cuando la oscuridad nos encuentra,
nos volvemos uno en la penumbra,
un latido compartido,
una respiración que aprende el ritmo del otro.
Y entonces el diálogo deja de ser voz
para convertirse en piel,
en roce,
en una conversación infinita sin fronteras.
Su cuerpo habla con una dulzura antigua,
como si recordara caminos que nunca recorrí,
y sus ojos —profundos, encendidos—
dicen más que mil historias guardadas en el tiempo.
En ellos me pierdo,
y perderme es hallarme.
El sudor nos envuelve como un velo tibio,
sensual,
inevitable,
y los minutos dejan de correr,
se derriten,
se vuelven eternos en la pausa de un suspiro.
Recorremos rincones secretos,
territorios ocultos que florecen
como cavernas iluminadas de vida,
donde cada sombra es un descubrimiento
y cada descubrimiento, un milagro.
Ella lleva el sol dentro,
lo guarda en su centro más íntimo,
y aun en la noche más cerrada
brilla como una estrella única,
ardiendo en el firmamento del deseo.
Su piel se hace mía
como si siempre hubiera sido,
y la mía, suya,
en un lenguaje antiguo que no necesita palabras.
Somos campanadas suaves
de un reloj sin tiempo,
ecos que no se apagan,
instantes que no mueren.
Y en ese encuentro,
donde todo se vuelve latido y luz,
descubro que amar es esto:
una eternidad contenida
en la fragilidad perfecta de un instante.
como si el silencio supiera más que el lenguaje.
Cuando la oscuridad nos encuentra,
nos volvemos uno en la penumbra,
un latido compartido,
una respiración que aprende el ritmo del otro.
Y entonces el diálogo deja de ser voz
para convertirse en piel,
en roce,
en una conversación infinita sin fronteras.
Su cuerpo habla con una dulzura antigua,
como si recordara caminos que nunca recorrí,
y sus ojos —profundos, encendidos—
dicen más que mil historias guardadas en el tiempo.
En ellos me pierdo,
y perderme es hallarme.
El sudor nos envuelve como un velo tibio,
sensual,
inevitable,
y los minutos dejan de correr,
se derriten,
se vuelven eternos en la pausa de un suspiro.
Recorremos rincones secretos,
territorios ocultos que florecen
como cavernas iluminadas de vida,
donde cada sombra es un descubrimiento
y cada descubrimiento, un milagro.
Ella lleva el sol dentro,
lo guarda en su centro más íntimo,
y aun en la noche más cerrada
brilla como una estrella única,
ardiendo en el firmamento del deseo.
Su piel se hace mía
como si siempre hubiera sido,
y la mía, suya,
en un lenguaje antiguo que no necesita palabras.
Somos campanadas suaves
de un reloj sin tiempo,
ecos que no se apagan,
instantes que no mueren.
Y en ese encuentro,
donde todo se vuelve latido y luz,
descubro que amar es esto:
una eternidad contenida
en la fragilidad perfecta de un instante.

No hay comentarios:
Publicar un comentario
"Gracias por comentar mis letras....espero tu próxima visita....."