lunes, 10 de junio de 2024

 El sol del lunes asoma, brillante y sereno,
con promesas nuevas, con luz de ensueño,
despierta el día, en su cálido abrazo,
inicia la semana, traza un nuevo trazo.
Con rayos dorados, el horizonte acaricia,
disipando la niebla, trayendo la caricia,
de un comienzo fresco, de un lienzo en blanco,
donde los sueños florecen, sin miedo ni espanto.
Cada mañana es un canto, una melodía nueva,
el sol del lunes, esperanza nos lleva,
con su luz, los temores se disuelven,
y los deseos ocultos, en tu corazón, se envuelven.
Es la chispa primera, el impulso vital,
que llena de energía, de fuerza sin igual,
el sol del lunes, faro en el camino,
guiando tus pasos, destino divino.
Que esta semana sea un jardín en flor,
donde cada día brille con amor,
con retos que te eleven, con risas compartidas,
con momentos de calma, y alegrías vividas.
Que el sol del lunes te inspire, te llene de vigor,
en cada amanecer, en cada nuevo ardor,
que tu camino sea claro, tu paso decidido,
con el sol del lunes, todo es más vivido.
Así, con su luz, se ilumina tu senda,
una semana de dicha, donde el alma se encienda,
el sol del lunes te saluda, te da la bienvenida,
a una semana hermosa, de esperanza encendida.

domingo, 9 de junio de 2024

En el universo del sonido y los sueños,
surge una voz, de encanto, sin dueño,
una mujer, con melodía en su ser,
su canto, un susurro, un placer.
Su voz, como rayo de sol al alba,
despierta los sentidos, calma el alma,
cada nota, un verso, cada acorde, una flor,
en su canto se encuentra la esencia del amor.
Es como el murmullo de un río en calma,
que acaricia el oído y envuelve el alma,
una mujer cuya voz es poema,
en sus tonos se halla la vida y su emblema.
Con dulzura y fuerza, su voz nos guía,
a un mundo de magia, de pura armonía,
espejo del cielo, eco del mar,
su canto es refugio, donde quisiera habitar.
En cada canción, su espíritu vuela,
una melodía que nunca se cela,
su voz es estrella en la noche serena,
iluminando corazones, borrando toda pena.
Mujer de canto bello, de voz celestial,
en su timbre se encierra un misterio vital,
una sinfonía de sueños, un viento que abraza,
su voz es el eco de la vida que pasa.
Ella canta, y el mundo se detiene,
en su voz, la eternidad tiene,
una mujer cuyo canto es vida,
bella voz que al corazón convida.
En cada nota, una historia se teje,
su voz, un lazo que al alma protege,
mujer de bella voz, que encanta y libera,
tu canto es el sol en cada nueva era.


 Un domingo hermoso, la brisa acaricia,
el sol se desliza en un lento susurro,
y en este día que la paz reinicia,
mi corazón late, en un dulce murmullo.
Espero saber de vos, ansío tu voz,
que mi mundo envuelva en un suave aliento,
cada segundo sin ti, un eco feroz,
cada momento, un eterno intento.
Tus palabras, como seda en mi piel,
despiertan deseos, incendian mi ser,
y en este domingo, el cielo es un laurel,
que con tu presencia, comienza a arder.
Imagino tus ojos, tus labios ardientes,
tus manos recorriendo mis sueños en calma,
y en cada pensamiento, imágenes latentes,
que llenan de fuego mi amorosa palma.
La espera se hace dulce, se hace esperanza,
un preludio de besos, de abrazos sin fin,
y en este día, mi alma danza,
al ritmo de un amor, profundo y sutil.
El sol se posa sobre nuestro anhelo,
como testigo de un romance en ciernes,
y en este domingo, siento el desvelo,
de tu piel en la mía, en noches eternas.
Cada minuto sin ti, un poema sin rima,
cada hora sin tu voz, un suspiro perdido,
pero en este día, la espera se anima,
a soñar con tu amor, mi sueño querido.
Sé que pronto sabré de ti, de tu encanto,
de tu risa, que mi mundo ilumina,
y en este domingo, mi corazón canta,
a la esperanza de verte, de tenerte, divina.
Este día es un preludio, un canto sereno,
de una pasión que arde, que nunca se apaga,
y en cada rincón de mi ser, yo venero,
tu amor que en mi vida, hoy, un domingo sin vos.

sábado, 8 de junio de 2024

 
Por la noche, el río tiene su encanto,
un manto de estrellas que lo hace brillar,
en el Delta, el paseo Victorica,
un susurro del agua que invita a soñar.
La luna se posa sobre el río calmo,
dibujando caminos de plata y misterio,
las sombras danzan, en un suave ballet
que envuelve el alma en un dulce imperio.
Los sauces se inclinan, como en reverencia,
al flujo sereno que al Delta acaricia,
y en el aire, se siente la presencia,
de la magia nocturna que el río propicia.
Las luces reflejadas en el agua oscura,
son faros de historias, de amores y sueños,
el murmullo del río como suave partitura,

de una sinfonía que apacigua el alma.
Paseando por Victorica, el corazón se eleva,
cada paso es un poema, cada vista un suspiro,
el encanto del río, que la noche lleva,
es un abrazo tierno, un secreto divino.
Los botes dormidos, en el río,
guardan las aventuras de días pasados,
y las aguas murmuran con tono sombrío,
los ecos de viajes en tiempos dorados.
Aquí, entre el silencio y el canto sereno,
se encuentran los sueños que el día escondió,
y el río, en su calma, nos brinda el terreno,
para hallar la paz que el alma buscó.
Es un rincón de mundo donde el tiempo es leve,
donde la noche se viste de gala estelar,
y el paseo Victorica, en su abrazo tan breve,
nos muestra que hay magia, solo hay que mirar.
El río, en su calma, nos habla al oído,
de amores perdidos, de nuevas promesas,
y en la noche, su encanto nos susurra
que la vida, en su cauce, progresa.

viernes, 7 de junio de 2024

 Tus ojos, dos abismos profundos,
donde se esconde la noche y el día,
guardan misterios, secretos del mundo,
que con su fulgor, mi ser desafía.
Brillan como estrellas en cielos oscuros,
centellean enigmas que ansío desvelar,
en su mirar, en sus reflejos puros,
hay un universo esperando descubrir.
Intriga que emana de tus pupilas,
es un acertijo que no puedo evitar,
susurra promesas en sombras tranquilas,
que al corazón invitan a soñar.
Son como océanos de emociones ocultas,
donde naufragan los miedos y las dudas,
en su hondura, mil historias paren esconder,
y el alma, valiente, a descubrirlas, acude.
Tus ojos, eternos, en su enigma, se aferran,
a la esencia de lo no dicho, de lo sentido,
en ellos, la vida, sus misterios encierran,
y yo, cautivo, me pierdo en su latido.
En su mirar, hallo paz y tormenta,
el dulce caos de una verdad desconocida,
y aunque mi mente no comprende ni intenta,
mi corazón se entrega a su intrigante medida.
 Cada mañana, el tren suena cercano,
una sinfonía de hierro que
susurra historias de sueños lejanos,
de almas que buscan su propio fervor.
La estación despierta con ecos deprisa,
pies que se mueven, miradas perdidas,
el tren, testigo de cada sonrisa,
de cada adiós y de vidas vividas.
Gente que va y que viene, sin nombre,
extraños que en silencio se cruzan,
susurros de amor que el viento esconde,
en el latir de las vías que los conducen.
Romántica danza de destinos cruzados,
cada vagón un poema sin escribir,
rostros en ventanas, corazones atados,
a la esperanza de un nuevo porvenir.
El tren, con su ritmo constante,
canción eterna de encuentros fortuitos,
de miradas que buscan un instante,
de abrazos breves, de amores infinitos.
Y así, en su trayecto diario y eterno,
el tren compone su lírica melodía,
poesía de idas y venidas en invierno,
de primavera, de vida y de fantasía.
Viviendo a metros de este cantar viajero,
mi corazón se une a su dulce vaivén,
pues en cada partida y regreso sincero,
hay una promesa de amor que renace también.

jueves, 6 de junio de 2024

Caminando en la costa, en invierno sereno,
el mar susurra con un tono musical
las olas que acarician la arena fría,
en un abrazo suave, de melancolía.
El viento sopla, frío y constante,
susurra secretos de tiempos distantes,
las gaviotas vuelan en danza ligera,
sobre un mar tranquilo, en calma sincera.
Cada paso en la orilla es un eco en el alma,
donde el invierno invita a una paz sin alarma,
las nubes grises cubren el cielo,
pintando el horizonte con su manto aplomado.
El mar en invierno, con su azul profundo,
guarda silencios que envuelven el mundo,
sus olas, en calma, murmuran historias,
de amores perdidos y viejas memorias.
Caminar en la costa, sentir la quietud,
donde el tiempo se detiene, y la mente, en virtud,
encuentra en el mar un espejo de vida,
donde cada ola es una lección querida.
Las conchas dispersas en la arena helada,
cantan canciones de mares lejanos,
y en cada brisa, en cada mirada,
siento la paz que el invierno nos da.
El sol tímido se oculta tras el horizonte,
pintando de oro el frío ambiente,
y en esa luz tenue, un sentimiento constante,
de que el mar y el invierno son puro presente.
La soledad no pesa, es compañía,
en cada ola, en cada día,
y caminar la costa en invierno frío,
es hallar en el mar un amigo.
El murmullo del agua, la sal en el aire,
son caricias suaves que el alma repara,
y en esa paz inmensa, sin más que desear,
siento que el mar, en invierno, es hogar.
Así, entre olas y viento, camino despacio,
dejando que el mar calme mi espacio,
y en cada paso, en cada susurro del mar,
encuentro la paz que me invita a soñar.


 En el rincón oscuro de un día nublado,
una mujer camina con paso apagado,
lleva en su rostro, una pesada brisa,
la sombra de una vida sin sonrisa.
Sus ojos, espejos de noches sin estrellas,
reflejan un alma que quisiera ser bella,
envuelta en un velo de melancolía,
que oculta un corazón lleno de fantasía.
Quisiera conocerla, romper esa barrera,
ser el sol que ilumine su noche entera,
acercarme despacio, con palabras sinceras,
y pintar en su rostro sonrisas primeras.
Cada lágrima suya, un poema callado,
cada suspiro, un misterio deseado,
en su tristeza encuentro un anhelo,
de descubrir juntos un nuevo cielo.
La veo pasar, tan cerca, tan distante,
y en mi pecho crece un sentimiento vibrante,
quisiera ser el verso que calme su llanto,
la melodía suave que la envuelva en canto.
Soñé con tomar su mano en el ocaso,
sentir su piel, borrar el fracaso,
hablarle de estrellas, de lunas y mares,
ser su refugio en tiempos dispares.
Si pudiera acercarme, romper el silencio,
me gustaría decirle que en mi pecho sufre un incendio,
que su tristeza despierta en mi ternura,
y en su dolor, hallo mi propia cura.
Quizás un día, en el cruce del destino,
pueda yo ser quien cambie su camino,
y en su mirada, antes perdida y triste,
ver nacer la sonrisa que aún no existe.
A vos, mujer de melancólica belleza,
te ofrezco mi alma, mi amor, mi pureza,
quiero ser quien devuelva tu alegría,
y en tu tristeza, encontrar mi poesía.

miércoles, 5 de junio de 2024

 Las aguas tranquilas reflejan el cielo,
el sol despuntando en un suave velo,
remamos despacio, sin prisa ninguna,
buscando en el río nuestra propia fortuna.
La caña en la mano, el anzuelo lanzado,
el río murmura su canto encantado,
y en esa quietud, el alma se expande,
los pensamientos vuelan, el corazón se agranda.
Los peces nadan en su danza secreta,
mientras el delta guarda historias discretas,
cada ola, cada brisa, un verso que brota,
en el silencio, la poesía se anota.
Los juncos se mecen, un ballet sin fin,
las aves cantan, un dulce sinfín,
y en medio de todo, mi mente se calma,
las palabras fluyen, un bálsamo para el alma.
El cielo cambia, con los colores juego,
el día avanza en su lento trajinar,
y yo, pescando, perdido en la inmensidad,
encuentro en el delta, mi paz, mi verdad.
La tarde se tiñe de un dorado suave,
el sol se despide, un adiós que no sabe,
y en esa luz, las ideas se encuentran,
la poesía nace, las emociones se centran.
Pescar en el delta, un acto sereno,
donde el cuerpo descansa y el espíritu es pleno,
pensar en poesía, en cada respiro,
en cada rincón, el delta es un suspiro.
Así, entre anzuelos y versos, el día se va,
dejando en mi alma una calma, una paz,
y al volver a casa, el corazón satisfecho,
llevo conmigo el delta, en mi pecho.
Salir a pescar, descansar la mente,
en el delta del río, donde el alma se siente,
pensar en poesía, dejarse llevar,
en esas aguas mansas, yo quiero estar.
 En el parque, ella se sienta en silencio,
la brisa suave y envolvente,
lleva un perfume lejano, un eco persistente.
Sus cabellos al viento, danzan en armonía,
sus pensamientos libres, en plena sintonía,
el murmullo del mundo se desvanece,
y el rock distante, su alma enciende y enaltece.
Cada acorde perdido en la distancia,
es un suspiro, una nostálgica fragancia.
El rock le habla en susurros antiguos,
historias de rebeldía y caminos ambiguos.
Ella cierra los ojos, se deja llevar,
por el ritmo lejano que empieza a vibrar.
En cada nota, un sueño, un deseo,
en cada acorde, la libertad sin rodeo.
El parque es su refugio, su isla serena,
donde el tiempo se detiene, la mente se llena
de música lejana, como un perfume sutil,
pinta su soledad con un tono gentil.
Es en esos momentos, en su quietud profunda,
donde encuentra la paz y su alma se inunda.
El rock, aunque distante, es su confidente,
una conexión eterna, la luna la observa, testigo silente,
de su conexión íntima y ferviente.
Ella, sola en el parque, pero nunca perdida,
en el perfume del rock, encuentra su vida.
Cada guitarra, cada voz rasgada,
es un suspiro del alma, una llamada.
Ella sonríe, en su soledad completa,
escuchando el rock que su espíritu inquieta.
Así, en la noche, con el parque por testigo,
ella y el rock, en un abrazo antiguo.



 Saber de vos es una grata compañía,
una búsqueda tierna en cada instante.
Acompañarte desde lejos, en silencio,
sentir tu vida en mensaje compartido.
Sin tocar tus manos, sin ver tu rostro,
te siento cercana, en un lazo hermoso.
Sos un susurro en el día,
una presencia sutil, una melodía.
Empatía que nace sin fronteras,
conexión profunda, en almas sinceras.
Cada alegría tuya, cada tristeza,
es una parte de mí, en tu grandeza.
A la distancia, te acompaño,
en cada pensamiento, en cada suspiro.
sos la estrella que ilumina la noche,
el sol que en cielo nunca se esconde.
Tus palabras son el puente que nos une,
un lazo invisible, que nada desune.
En tus historias, encuentro mi reflejo,
en tus emociones, hallo un consejo.
Saber de vos es un anhelo caminar 
a tu lado, aunque sea distante.
En cada paso, en cada caída,
mi corazón piensa en tus días.
Sentir lo que sientes, compartir tu ser,
es un privilegio que me hace crecer.
Eres más que un nombre, más que una voz,
eres la conexión que la vida nos dio
en la distancia, no hay barreras reales,
nuestros espíritus libres cruzan los umbrales.
Acompañarte siempre, sin pedir más,
es el lazo invisible que nunca se irá.

Entre Vos y Yo. +

El brillo de tus ojos, el color de tu cabello y la sensualidad que despliegas en cada palabra de enojo, solo está en vos, en las canas que e...