Tu sonrisa no entra en el tango,
pero el tango aprendió por mirarla,
se le aflojó la pena a la noche
y el bandoneón dejó de sangrar.
No es sonrisa de foto ni fiesta,
es de esquina, de mate y verdad,
de esas luces que alumbran despacio
cuando el mundo se empieza a apagar.
Buenos Aires se queda escuchando
cada vez que la dejás salir,
porque sabe que en esa curvita
hay un barrio que quiere vivir.
Yo venía con años torcidos,
con el alma cansada de errar,
y tu boca, sin decir promesas,
me enseñó que valía esperar.
Si algún día el dolor vuelve a invitarme
a sentarme en su mesa de hiel,
que me alcancen tu risa en la sombra:
con eso me alcanza… mujer.
pero el tango aprendió por mirarla,
se le aflojó la pena a la noche
y el bandoneón dejó de sangrar.
No es sonrisa de foto ni fiesta,
es de esquina, de mate y verdad,
de esas luces que alumbran despacio
cuando el mundo se empieza a apagar.
Buenos Aires se queda escuchando
cada vez que la dejás salir,
porque sabe que en esa curvita
hay un barrio que quiere vivir.
Yo venía con años torcidos,
con el alma cansada de errar,
y tu boca, sin decir promesas,
me enseñó que valía esperar.
Si algún día el dolor vuelve a invitarme
a sentarme en su mesa de hiel,
que me alcancen tu risa en la sombra:
con eso me alcanza… mujer.

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