Lo veo en tus ojos
antes de tocarte.
En esa manera oblicua de mirar
que no pide permiso
y se queda a vivir.
Lo siento en la piel
cuando te acercás
y tus brazos me rodean
como un bandoneón sabio,
de esos que no hacen ruido
Se me eriza el alma.
El fuelle avanza lento,
me recorre las venas
con la misma obstinación
con la que Pichuco
le arrancaba verdades al aire.
No hay defensa contra eso,
cuando el tango entra no pregunta.
Astor lo sabía.
Por eso rompía las formas,
por eso sacaba música
de una metáfora,
una musa, una herida hermosa.
Intentaba un tango
capaz de erizar el mundo,
como vos lo hacés cuando estás cerca
sin hacer nada más que ser.
Y la voz de Amelita
retumba en mi pecho, honda,
como una promesa cumplida.
Así sonás vos en mí, antigua y nueva,
clara y oscura,exacta.
Buenos Aires querido,
amor mío sin condiciones,
te llevo tan adentro
que no sé dónde terminás vos
y empiezo yo.
Estás en las diagonales,
en los cafés gastados,
en el humo lento,
en las veredas que saben esperar.
Y estás en ella.
En sus ojos, en sus abrazos,
en esa forma de quedarse
aunque todo pase.
Ella es ciudad, es noche,
es arrabal y poema.
Es la musa inevitable
de mis palabras.
Entre mi amor por vos, Buenos Aires,
y este amor por ella,
mi vida se volvió un tango.
Uno que no pide aplausos,
que no busca final,
que se baila lento
con el corazón apretado
y la certeza intacta.
Porque hay amores que no se negocian,
que no se explican, que no se terminan.
Y el mío lo sé, vive acá,
en esta ciudad eterna
y en ella, la musa citada
en cada verso que escribo
solo para no perderlas.

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