Cuando llueve en el último piso
el cielo raso se agita
como si el edificio respirara con dificultad.
la lógica se resbala,
y nada queda del todo firme.
Las ventanas lloran
con un llanto largo y sucio,
la cama flota
como un recuerdo que no encuentra fondo.
Todo tiembla, todo duda.
Abajo nadie parece notar
la ferocidad del tiempo,
nadie mira hacia arriba.
La ciudad sigue,
ordenada, indiferente,
creyendo que los relojes aún mandan.
Solo ella ve la grieta.
Solo ella navega
en un mundo detenido,
donde el tiempo se estancó
como Cenicienta después de la medianoche,
con el hechizo roto
y los sueños descalzos.
Al borde del abismo
grita desde un balcón.
No pide ayuda, grita lo que tuvo
cuando tuvo todo,
la fe,la promesa, el amor entero
antes de aprender la pérdida.
La lluvia cae y nadie escucha.
Pero el edificio sabe.
El cielo raso se estremece.
Y el tiempo, por un instante,
parece dudar antes de seguir cayendo.

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