Vuelvo caminando a esas noches como quien abre una caja de luz. No había prisa, había amigos, había compañía y una ciudad que nos ofrecía rincones donde soñar sin pedir permiso.
Entrábamos juntos, riendo bajo, sabiendo que algo iba a pasar aunque no supiéramos qué.
Esos lugares eran pequeños, casi secretos.
Mesas apretadas, luces suaves, el murmullo que se detenía cuando empezaba una canción.
Y ahí, en esa cercanía, todo parecía posible; cantábamos por dentro, nos mirábamos cómplices, convencidos de que el mundo estaba empezando de nuevo, también para nosotros.
Las noches eran inolvidables porque no buscaban serlo.
Eran simplemente verdaderas. Compartíamos el asombro, el café, el whisky, las palabras dichas a media voz.
Soñábamos en esos rincones, creyendo que el arte, el amor y la amistad podían cambiarlo todo.
Con el tiempo, esos sueños llenaron estadios. Las voces que escuchamos tan cerca crecieron, se hicieron multitud.
Pero en mi memoria siguen siendo nuestras nacidas ahí, en la intimidad de un comienzo espléndido, cuando todo estaba por hacerse y nosotros éramos parte del primer latido.
Hoy recuerdo esas noches con una sonrisa tranquila. No como algo que se perdió, sino como algo que vive en mí. Porque hay comienzos que no terminan nunca, siguen iluminando el camino, aunque la música suene ahora en otros lugares.
Entrábamos juntos, riendo bajo, sabiendo que algo iba a pasar aunque no supiéramos qué.
Esos lugares eran pequeños, casi secretos.
Mesas apretadas, luces suaves, el murmullo que se detenía cuando empezaba una canción.
Y ahí, en esa cercanía, todo parecía posible; cantábamos por dentro, nos mirábamos cómplices, convencidos de que el mundo estaba empezando de nuevo, también para nosotros.
Las noches eran inolvidables porque no buscaban serlo.
Eran simplemente verdaderas. Compartíamos el asombro, el café, el whisky, las palabras dichas a media voz.
Soñábamos en esos rincones, creyendo que el arte, el amor y la amistad podían cambiarlo todo.
Con el tiempo, esos sueños llenaron estadios. Las voces que escuchamos tan cerca crecieron, se hicieron multitud.
Pero en mi memoria siguen siendo nuestras nacidas ahí, en la intimidad de un comienzo espléndido, cuando todo estaba por hacerse y nosotros éramos parte del primer latido.
Hoy recuerdo esas noches con una sonrisa tranquila. No como algo que se perdió, sino como algo que vive en mí. Porque hay comienzos que no terminan nunca, siguen iluminando el camino, aunque la música suene ahora en otros lugares.

No hay comentarios:
Publicar un comentario
"Gracias por comentar mis letras....espero tu próxima visita....."