la tarde transcurre en silencio,
y un domingo más pasa sobre

en solitarias tazas vacías de chocolate,
leche y algún que otro pedazo de pan
para mojarlo en el silencio del barrio.
Las hojas inundan las veredas,
las calles lagrimean negro sudor
de impaciencia, y en cada esquina
el llanto de algún gorrión solitario
espera el sol, como yo te espero
entre letras desordenadas,
escuchando el ultimo rock
de la tarde, ante de intentar escribir
tu nombre una vez más,
en las garabateadas hojas del alma.