Sentados en la arena
despertando el día,
abrazados al lento salir del sol,

la conversación nos llevó
hasta las lágrimas, ahí decidimos
la lenta caminata camino al sur.
Solitaria la playa nos acompañó
paso a paso, el peso de tus zapatos
ya molestaban y en medio de altos
y viejos acantilados decidimos el descanso.
Mate y sol de frente, tenue pero intenso
calor, tu blanco vestido dejaste
en la arena y en medio de las olas
bailaste como nunca en libertad,
aquella mañana donde por primera vez
caminamos acunando la luna,
esperando el sol, y entre palabras
y lágrimas nos contamos la vida.