Hay una forma en la sombra
que el mundo apenas adivina,
una presencia bajo la tela
como dos lunas contenidas.
No piden nombre ni prisa,
ni siquiera ser miradas,
pero guardan en su curva
Exuberantes,
como el verano en la piel,
como la fruta madura
que aún no se deja caer.
Atrevidos en silencio,
sin decir lo que prometen,
apenas rozan el aire
y ya todo se estremece.
Ocultos y sin embargo
dueños de cada latido,
porque hay misterios que viven
aunque no sean compartidos.
Y en esa forma perfecta,
eterna sin explicación,
se enciende un fuego pequeño
que no conoce razón.
No hace falta que se muestren
para saber que están ahí,
como un secreto del mundo
que eligió quedarse en sí.

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