Medianoche, en segund
o comienza
otro interminable y hermoso día,
el sol posiblemente ilumine dentro
de algunas horas tu ventana,
quizás el balcón o el patio trasero.
Después del desayuno comenzaras

a dibujar la vida entre pinceles
con varios colores de oleos, acuarelas
o tal vez cientos de píxeles ubicados
estratégicamente, darán forma a esa
obra nueva que con pasión
estalla en tu mente y se plasma,
en el último bastidor del viejo atelier.
El café huele de maravillas, su vapor
aromatiza las telas y envuelve de colores
el atril y en minutos la mañana
comienza a bailar el ritmo del otoño
mientras caen acompañando la brisa
cientos de hojas doradas sobre buenos aires.
Mientras tanto, lejos del ruido
te pienso entre viejos vinilos
girando una y otra vez perdiendo
la cuenta de sus vueltas y en el viejo
anotador carta cuadriculado una vez más
te escribo a la luz de la luna
sin que vos lo sepas, ni lo imagines.