de viejas veredas,
baldosones resbalosos y asfalto,
visten Buenos Aires la noche gris
del otoño porteño,mientras cae suavemente,
como fina
y delicada caricia de mujer,
la tenue y triste
llovizna de la madrugada,
y un martes más comienza
sin vos . . .
aunque lejos,
envuelta en cobijas livianas,
en la soledad del cuarto,
con ventana a la calle,
me lees y sonríes,
pues sin decirlo,
sabes... que te acompaño.
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