San Telmo nos caminaba,
más que nosotros a él,
como si cada piedra supiera
el peso leve de lo que fuimos.
El empedrado, húmedo de historia,
devolvía pasos que no eran nuestros,
ecos de otras noches,
de faroles encendidos con paciencia,
de nombres dichos al oído
cuando la ciudad todavía sabía escuchar.
Las veredas angostas
nos obligaban a rozarnos,
como si el barrio insistiera
en que el amor no se diga,
sino que se sostenga
en una mano tomada sin apuro.
Y ahí, entre fachadas cansadas,
descubrimos casas que resisten,
ventanas que miran sin ser vistas,
puertas que guardan secretos
de un pasado que no supimos cuidar.
En la plaza,
una pareja bailaba tango
como si el mundo no doliera,
como si el tiempo no pasara.
El fuelle, terco, respiraba
haciendo lo posible con lo poco,
como hace siempre esta ciudad
cuando la empujan al olvido.
Y entre idiomas cruzados,
turistas que pronuncian distinto,
hubo un voseo que cortó el aire,
claro, íntimo, como una verdad que no se exporta.
Ahí fue el beso,
robado o encontrado, qué importa.
Ahí fue la mano,
la tuya, aferrándose a la mía
como si el mundo no tuviera bordes.
Y también, claro, el vivo de siempre,
el que intenta lo que no debe,
el que confunde picardía con descuido,
como si olvidáramos
que lo nuestro se rompe fácil.
En Dorrego y Defensa
pasó un auto antiguo, alquilado,
vendiendo nostalgia por vueltas,
más caro que cualquier metro del mundo,
pero incapaz de llevarnos
a donde realmente queríamos volver.
una sonrisa que se quiebra,
una lágrima que no cae,
una memoria que insiste
aunque la neguemos.
Y nosotros, caminando en el medio,
entre lo que fue y lo que queda,
con una flor en la noche
y un tango latiendo despacio.
El sol empezó a bajar
como bajan las certezas,
y el empedrado transpiró otra historia,
otra noche que se armaba
con retazos de lo mismo.
Y vos a mi lado, caminando.
Sin promesas,
sin pasado que nos pese más que el presente,
pero con esa forma tuya de existir cerca
que hace que todo
hasta la nostalgia valga la pena.
San Telmo quedó atrás,
o tal vez se quedó en nosotros,
como un amor que no se dice del todo,
como una ciudad que todavía respira
aunque no siempre sepamos cuidarla.


.jpg)


.jpg)




