sábado, 13 de julio de 2024

 Tus labios, susurros que invocan vida,
secretos escondidos entre sus pliegues,
saben a miel y a eterna sabiduría,
a momentos eternos, donde el tiempo se detiene.
Cuando me besas, el universo conspira,
las estrellas susurran secretos,
y en el silencio de la noche,
nuestros cuerpos se hablan,
en un lenguaje secreto y único.
Tu piel, suave como el terciopelo,
se entrelaza con la mía,
y en ese abrazo infinito,
la realidad se disuelve,
dejando solo el perfume de tu presencia.
Eres la musa de mis sueños,
el deseo hecho letra a letra,
y en cada rincón de tu ser,
encuentro la inspiración,
para escribir esta poesía,
que es tanto tuya como mía.
Déjame explorar cada rincón de tu ser,
descubrir los misterios de tu alma,
y que en cada encuentro,
nuestros cuerpos hablen,
el lenguaje de la vida.


 La suavidad de tu cabello,
se desliza entre los dedos
de mi mano, cual terciopelo,
en un sueño sin enredos.
Cada hebra, un susurro,
un secreto al oído,
en la calma de la noche
donde todo no está perdido.
Los hilos dorados caen,
como cascada de luz,
iluminando el camino,
donde siempre estás vos.
Se entrelazan en mis sueños,
como redes invisibles,
y en la bruma de la luna,
se vuelven casi tangibles.
Es un tacto delicado,
que despierta los sentidos,
un roce que cuenta historias,
de momentos compartidos.
La brisa juega con ellos,
en un baile sin final,
mi corazón se pierde
en ese vaivén ritual.
Tus cabellos son la seda
que envuelve la esperanza,
y en su contacto fugaz,
mi alma siempre descansa.
Son como hilos de un lienzo,
pintando nuestro destino,
tejiendo juntos un mundo
en cada roce divino.
Así, en la quietud de la noche,
entre sombras y destellos,
mis dedos se enredan suaves
en la magia de tu cabello.


 Te escucho en el silencio,
donde la noche guarda secretos,
susurrando tu nombre en cada sombra,
en cada rincón quieto.
Te veo en la oscuridad,
en el misterio de la noche profunda,
tu figura se dibuja en mis sueños,
como un faro que nunca se esfuma.
Tu perfume de mujer
inunda mis sueños con su encanto,
es un rastro de dulzura y deseo,
que en mi mente siempre planto.
Es una fragancia sutil,
que despierta mis sentidos,
cada nota es una caricia,
que en mi alma dejo prendida.
Te escribo en la memoria,
como única, incomparable,
un poema eterno y vivo,
de amor inagotable.
Tus ojos, dos estrellas,
que iluminan mi camino,
tu sonrisa, un suspiro,
que desvanece mi desatino.
Tus palabras son melodías,
dulces notas que me embriagan,
en cada verso que te nombro,
mi corazón se desata.
Eres la musa de mis sueños,
la dueña de mis pensamientos,
en cada rincón de mi ser,
tu amor es el sustento.
Eres el alba que despierta,
la luz en mi oscuridad,
el calor en mi frío invierno,
la verdad en mi verdad.
En el eco de tus pasos,
en el roce de tu piel,
encuentro la paz y el anhelo,
de un amor que sabe a miel.
Tus labios, pétalos de rosa,
que invitan a un beso eterno,
son la promesa de un deleite,
que enciende mi deseo interno.
Tus manos, suaves y cálidas,
recorren mi piel con dulzura,
en cada toque se desatan,
tormentas de lujuria.
El roce de tu cuerpo junto al mío,
es un fuego que arde sin cesar,
una llama que consume el tiempo,
en un abrazo singular.
Tus suspiros son la música
que acompaña nuestra danza,
en la penumbra de la noche,
donde se encuentra la esperanza.
Tus caderas, sinuosas y firmes,
me guían en un viaje infinito,
en un vaivén de emociones,
donde el placer es exquisito.
En cada encuentro, cada abrazo,
nuestras almas se entrelazan,
y en el calor de tu presencia,
mis sentidos se desbordan y arrasan.
Eres el anhelo constante,
la pasión que nunca cesa,
en cada momento contigo,
encuentro una nueva promesa.
Te escucho en el silencio,
te veo en la oscuridad,
tu perfume de mujer,
es mi dulce realidad.
Así, en la quietud de la noche,
y en el fulgor del día,
te nombro con devoción,
mi única y eterna poesía.


 Acunándote entre mis brazos,
la tarde es una fiesta de colores,
junto al río en el delta del Tigre,
donde el amor despliega sus flores.
La suave brisa acaricia tu cabello,
mientras el sol se va despidiendo,
pintando el cielo con tonos de fuego,
y nuestros corazones latiendo.
La luz dorada del ocaso
baña tu rostro sereno,
y en el reflejo del río
se crea un cuadro pleno.
Tus ojos, llenos de misterio,
observan el horizonte lejano,
y en el silencio compartido,
nuestros sueños se dan la mano.
El río canta su melodía,
una sinfonía suave y clara,
mientras el día se desvanece,
y la noche nos prepara.
Cada caricia es un suspiro,
cada susurro una promesa,
mientras el sol se oculta lento,
dejando atrás su belleza.
Las sombras empiezan a danzar,
al compás del río en calma,
y en ese vaivén tranquilo,
encuentro paz para mi alma.
Tu perfume se mezcla con el aire,
un aroma dulce y envolvente,
y en ese instante eterno,
somos uno, somos siempre.
El delta nos abraza suave,
con su manto de misterio,
y en este rincón sagrado,
nuestro amor es el epicentro.
Las estrellas comienzan a brillar,
como testigos silenciosos,
de este amor que florece,
en momentos tan preciosos.
El río, en su constante fluir,
lleva nuestros sueños y anhelos,
y en la quietud de la tarde,
se desatan nuestros velos.
Así, acunándote entre mis brazos,
contemplamos juntos el ocaso,
en la maravillosa costa del delta,
donde el amor es nuestro lazo.
Y mientras el sol se esconde,
dejando un rastro de luz y calma,
sé que en este lugar y momento,
nuestros corazones encuentran su alma.



 En la penumbra suave de la noche,
bajo la luna plateada y brillante,
nos encontramos, dos almas curiosas,
buscando refugio en el calor del otro.
Tus ojos, luceros que iluminan el camino,
reflejan las estrellas con un fulgor divino,
y en tu sonrisa, veo la promesa del amanecer,
que enciende mi alma.
Tus palabras son susurros del viento,
melodías que acarician mi oído,
y en cada frase que pronuncias lento,
me pierdo, me encuentro, y vivo.
Nos rodea el silencio, cómplice fiel,
testigo mudo de nuestro encuentro,
mientras el río murmura su canción,
y nos invita a soñar despiertos.
Tus manos, suaves como pétalos de rosa,
rozando mi piel con delicadeza,
y en cada caricia, una promesa,
de un amor que podría ser, sin prisa.
Tus labios, tiernos como el rocío,
se acercan tímidos, llenos de deseo,
y en ese instante, siento el universo,
conspirar a nuestro favor, sincero.
Nuestros abrazos, danzantes en la oscuridad,
se entrelazan, se buscan, se encuentran,
y en cada movimiento, una verdad,
de un amor que no se ausenta.
La noche avanza, el tiempo se detiene,
y en tu presencia, encuentro mi lugar,
donde el amor florece, aun en germen,
donde juntos, nuestros sueños podrían iniciar.
La luna, testigo de nuestra incipiente pasión,
se oculta tras las nubes, celosa,
y la madrugada, nos descubre,
en un abrazo sutil, sin despedida.
Porque en vos, mi amor, he encontrado,
la promesa de cada suspiro, de cada latido,
y en este rincón del universo compartido,
nuestra historia podría ser forjada.

domingo, 7 de julio de 2024

 Cuando los planetas se alinean,
el cosmos susurra un nuevo comienzo,
como si el universo se inclinara,
para que los sueños sean inmensos.
Las estrellas brillan con fervor,
trazando caminos en el cielo,
y en el corazón nace un fervor,
de esperanza, de amor y anhelo.
Las distancias se vuelven un eco,
y el tiempo danza en espirales,
todo lo imposible es un reflejo,
de deseos que cruzan umbrales.
El encuentro se hace realidad,
como un milagro del destino,
y en cada latido, la verdad,
se transforma en un divino camino.
Porque cuando el cosmos conspira,
todo se alinea con gracia,
y en el alma se inspira,
un mundo nuevo que nos abraza.


 La luna sobre el obelisco,
centinela de memorias y susurros,
Buenos Aires duerme, envuelta en nostalgias,
y la calle Corrientes, en su letargo,
perdió el bullicio en las librerías.
Entre las hojas de viejos libros,
resuena un eco de tiempos idos,
donde poetas de antaño
escribían con tinta de sueños.
En las sombras de la ciudad,
bailan las estrellas al compás
de tangos que se disuelven
en el aire, como fantasmas.
El río, testigo silente,
refleja la tristeza
de faroles que iluminan
veredas desiertas y adoquines
que cuentan historias
de amores perdidos y reencuentros.
Las plazas, vacías, guarecen murmullos
de conversaciones olvidadas y besos furtivos
bajo la mirada celosa de jacarandás.
Los árboles susurran secretos
a la brisa nocturna y en cada rincón
se respira el aroma de una época
que se resiste a desvanecerse.
Las avenidas solitarias dibujan senderos
hacia recuerdos dorados,
donde las luces de los cafés aún titilan,
invitando a soñadores a compartir sus historias.
Los viejos bares, guardianes de promesas rotas,
se llenan de sombras a puertas cerradas
que brindan por un tiempo que algún día volverá.
En cada esquina, la nostalgia teje su manto,
y en el silencio de la noche, se escuchan los pasos
de aquellos que alguna vez hicieron de esta ciudad
su refugio y su hogar.
Buenos Aires, con su alma antigua, abraza la melancolía
de una luna que, imperturbable y eterna,
vigila desde el cielo, recordándonos que,
en el corazón de cada ciudad,
vive una historia de amor y pérdida
escrita en las estrellas.

domingo, 30 de junio de 2024

 Tomarte la mano temblorosa,
saber que la conexión es de ida y vuelta,
es un regalo de la vida,
mientras alrededor el mundo sigue alocado,
en esos momentos, encontramos paz.
La mesa del bar vio tu mano en la mía,
desde esa conexión, el mundo se dividió en dos,
el nuestro y el que fuera de esa cápsula invisible
compartimos a diario con el resto.
Tengo una sola vida, ya en marcha hace años,
y ¿qué te parece si la seguimos juntos?
acompañándonos en esos interminables cafés,
conversados entre cigarrillos, neblina
y un Buenos Aires loco, que por un rato ignoramos.
Porque en tu presencia encuentro mi refugio,
en tu risa, la melodía que calma mis días,
y en tu abrazo, el hogar que siempre he buscado.
Dejemos que el mundo gire a su ritmo frenético,
mientras nosotros creamos nuestra propia eternidad.
Tus palabras, tan llenas de vida,
son como un bálsamo para mi alma cansada,
y cada momento contigo es un regalo,
un instante precioso en el vasto océano del tiempo.
Caminemos juntos por las calles de esta ciudad,
dejando que las luces de Buenos Aires nos guíen,
mientras compartimos nuestros sueños y miedos,
construyendo un futuro lleno de esperanza.


 La luna sobre el río sereno,
dos asientos en el mundo pequeño,
donde todo pasa, maravillosamente,
en el habitáculo de lo increíble.
El tiempo avanza, los minutos se escapan,
el río nos acompaña con su ritmo,
entre palabras únicas, imborrables,
junto a una mujer, única y brillante.
Sus ojos reflejan estrellas brillantes,
su risa, un eco en la noche clara,
mientras la corriente nos lleva lentamente,
donde los sueños nunca se apagan.
El viento susurra secretos antiguos,
las hojas danzan en un vals eterno,
y en su mirada encuentro el refugio,
un universo único e irrepetible.
Nos perdemos en historias y sueños,
construyendo un mundo ideal,
cada palabra, un hilo de recuerdos,
cada sonrisa, un puente dorado.
Las estrellas, testigos de nuestro enlace,
brillan como joyas en el manto nocturno,
y en sus ojos, veo la emoción brillar. 
El río, guardián de nuestro momento,
susurra cuentos de tiempos pasados,
y en su murmullo, encontramos el eco
de momentos que trasciende lo soñado.


sábado, 29 de junio de 2024

El parque se desnudó,
perdiendo las últimas hojas en otoño,
y el invierno llegó,
cubriendo todo con su manto cobrizo.
Los árboles, ahora desnudos,
se alzan como esculturas,
silenciosos testigos del cambio,
sus ramas extendidas al cielo gris.
El aire frío trae consigo
un silencio profundo,
interrumpido solo por el crujir
de las hojas secas bajo nuestros pies.
En la quietud del invierno,
la naturaleza se repliega,
preparándose para el renacer,
guardando en su esencia
la promesa de la primavera.
El parque, aunque desolado,
guarda una belleza melancólica,
un recordatorio del ciclo eterno,
donde cada final es un nuevo comienzo.
Y en esta serenidad helada,
nos encontramos,
abrigados por la calidez
de nuestra compañía,
esperando juntos el regreso
del sol y en una tibia caricia,
caminar la vida entre las diferentes
estaciones del año;
juntos y de la mano.

viernes, 28 de junio de 2024

 En tu delicada piel,
la noche esconde secretos,
susurrando historias al viento,
donde las estrellas celosas
guardan silencios profundos.
Cada caricia es un misterio,
un suspiro que despierta deseos,
y en la penumbra,
la luna dibuja sombras suaves,
pintando fantasías en tu piel.
Tus ojos, espejos de enigmas,
reflejan la magia oculta,
y en cada latido compartido,
descubro un mundo nuevo,
un universo de emociones.
La brisa nocturna envuelve
tu esencia, tan etérea y pura,
dejando un rastro de anhelos
que encienden la pasión,
iluminando la oscuridad.
En tu piel, la noche revela
su verdadero rostro,
un baile eterno de luces y sombras,
donde cada secreto murmurado
se convierte en un verso
que susurra el amor profundo
que solo vos conocés.

Entre Vos y Yo. +

El brillo de tus ojos, el color de tu cabello y la sensualidad que despliegas en cada palabra de enojo, solo está en vos, en las canas que e...