jueves, 6 de junio de 2024

Caminando en la costa, en invierno sereno,
el mar susurra con un tono musical
las olas que acarician la arena fría,
en un abrazo suave, de melancolía.
El viento sopla, frío y constante,
susurra secretos de tiempos distantes,
las gaviotas vuelan en danza ligera,
sobre un mar tranquilo, en calma sincera.
Cada paso en la orilla es un eco en el alma,
donde el invierno invita a una paz sin alarma,
las nubes grises cubren el cielo,
pintando el horizonte con su manto aplomado.
El mar en invierno, con su azul profundo,
guarda silencios que envuelven el mundo,
sus olas, en calma, murmuran historias,
de amores perdidos y viejas memorias.
Caminar en la costa, sentir la quietud,
donde el tiempo se detiene, y la mente, en virtud,
encuentra en el mar un espejo de vida,
donde cada ola es una lección querida.
Las conchas dispersas en la arena helada,
cantan canciones de mares lejanos,
y en cada brisa, en cada mirada,
siento la paz que el invierno nos da.
El sol tímido se oculta tras el horizonte,
pintando de oro el frío ambiente,
y en esa luz tenue, un sentimiento constante,
de que el mar y el invierno son puro presente.
La soledad no pesa, es compañía,
en cada ola, en cada día,
y caminar la costa en invierno frío,
es hallar en el mar un amigo.
El murmullo del agua, la sal en el aire,
son caricias suaves que el alma repara,
y en esa paz inmensa, sin más que desear,
siento que el mar, en invierno, es hogar.
Así, entre olas y viento, camino despacio,
dejando que el mar calme mi espacio,
y en cada paso, en cada susurro del mar,
encuentro la paz que me invita a soñar.


 En el rincón oscuro de un día nublado,
una mujer camina con paso apagado,
lleva en su rostro, una pesada brisa,
la sombra de una vida sin sonrisa.
Sus ojos, espejos de noches sin estrellas,
reflejan un alma que quisiera ser bella,
envuelta en un velo de melancolía,
que oculta un corazón lleno de fantasía.
Quisiera conocerla, romper esa barrera,
ser el sol que ilumine su noche entera,
acercarme despacio, con palabras sinceras,
y pintar en su rostro sonrisas primeras.
Cada lágrima suya, un poema callado,
cada suspiro, un misterio deseado,
en su tristeza encuentro un anhelo,
de descubrir juntos un nuevo cielo.
La veo pasar, tan cerca, tan distante,
y en mi pecho crece un sentimiento vibrante,
quisiera ser el verso que calme su llanto,
la melodía suave que la envuelva en canto.
Soñé con tomar su mano en el ocaso,
sentir su piel, borrar el fracaso,
hablarle de estrellas, de lunas y mares,
ser su refugio en tiempos dispares.
Si pudiera acercarme, romper el silencio,
me gustaría decirle que en mi pecho sufre un incendio,
que su tristeza despierta en mi ternura,
y en su dolor, hallo mi propia cura.
Quizás un día, en el cruce del destino,
pueda yo ser quien cambie su camino,
y en su mirada, antes perdida y triste,
ver nacer la sonrisa que aún no existe.
A vos, mujer de melancólica belleza,
te ofrezco mi alma, mi amor, mi pureza,
quiero ser quien devuelva tu alegría,
y en tu tristeza, encontrar mi poesía.

miércoles, 5 de junio de 2024

 Las aguas tranquilas reflejan el cielo,
el sol despuntando en un suave velo,
remamos despacio, sin prisa ninguna,
buscando en el río nuestra propia fortuna.
La caña en la mano, el anzuelo lanzado,
el río murmura su canto encantado,
y en esa quietud, el alma se expande,
los pensamientos vuelan, el corazón se agranda.
Los peces nadan en su danza secreta,
mientras el delta guarda historias discretas,
cada ola, cada brisa, un verso que brota,
en el silencio, la poesía se anota.
Los juncos se mecen, un ballet sin fin,
las aves cantan, un dulce sinfín,
y en medio de todo, mi mente se calma,
las palabras fluyen, un bálsamo para el alma.
El cielo cambia, con los colores juego,
el día avanza en su lento trajinar,
y yo, pescando, perdido en la inmensidad,
encuentro en el delta, mi paz, mi verdad.
La tarde se tiñe de un dorado suave,
el sol se despide, un adiós que no sabe,
y en esa luz, las ideas se encuentran,
la poesía nace, las emociones se centran.
Pescar en el delta, un acto sereno,
donde el cuerpo descansa y el espíritu es pleno,
pensar en poesía, en cada respiro,
en cada rincón, el delta es un suspiro.
Así, entre anzuelos y versos, el día se va,
dejando en mi alma una calma, una paz,
y al volver a casa, el corazón satisfecho,
llevo conmigo el delta, en mi pecho.
Salir a pescar, descansar la mente,
en el delta del río, donde el alma se siente,
pensar en poesía, dejarse llevar,
en esas aguas mansas, yo quiero estar.
 En el parque, ella se sienta en silencio,
la brisa suave y envolvente,
lleva un perfume lejano, un eco persistente.
Sus cabellos al viento, danzan en armonía,
sus pensamientos libres, en plena sintonía,
el murmullo del mundo se desvanece,
y el rock distante, su alma enciende y enaltece.
Cada acorde perdido en la distancia,
es un suspiro, una nostálgica fragancia.
El rock le habla en susurros antiguos,
historias de rebeldía y caminos ambiguos.
Ella cierra los ojos, se deja llevar,
por el ritmo lejano que empieza a vibrar.
En cada nota, un sueño, un deseo,
en cada acorde, la libertad sin rodeo.
El parque es su refugio, su isla serena,
donde el tiempo se detiene, la mente se llena
de música lejana, como un perfume sutil,
pinta su soledad con un tono gentil.
Es en esos momentos, en su quietud profunda,
donde encuentra la paz y su alma se inunda.
El rock, aunque distante, es su confidente,
una conexión eterna, la luna la observa, testigo silente,
de su conexión íntima y ferviente.
Ella, sola en el parque, pero nunca perdida,
en el perfume del rock, encuentra su vida.
Cada guitarra, cada voz rasgada,
es un suspiro del alma, una llamada.
Ella sonríe, en su soledad completa,
escuchando el rock que su espíritu inquieta.
Así, en la noche, con el parque por testigo,
ella y el rock, en un abrazo antiguo.



 Saber de vos es una grata compañía,
una búsqueda tierna en cada instante.
Acompañarte desde lejos, en silencio,
sentir tu vida en mensaje compartido.
Sin tocar tus manos, sin ver tu rostro,
te siento cercana, en un lazo hermoso.
Sos un susurro en el día,
una presencia sutil, una melodía.
Empatía que nace sin fronteras,
conexión profunda, en almas sinceras.
Cada alegría tuya, cada tristeza,
es una parte de mí, en tu grandeza.
A la distancia, te acompaño,
en cada pensamiento, en cada suspiro.
sos la estrella que ilumina la noche,
el sol que en cielo nunca se esconde.
Tus palabras son el puente que nos une,
un lazo invisible, que nada desune.
En tus historias, encuentro mi reflejo,
en tus emociones, hallo un consejo.
Saber de vos es un anhelo caminar 
a tu lado, aunque sea distante.
En cada paso, en cada caída,
mi corazón piensa en tus días.
Sentir lo que sientes, compartir tu ser,
es un privilegio que me hace crecer.
Eres más que un nombre, más que una voz,
eres la conexión que la vida nos dio
en la distancia, no hay barreras reales,
nuestros espíritus libres cruzan los umbrales.
Acompañarte siempre, sin pedir más,
es el lazo invisible que nunca se irá.
 En la quietud serena de la noche oscura,
los ojos de la luna te vigilan con ternura.
Mientras, en mi rincón, palabras enhebro,
la luna te cuida, en su manto de reflejo.
Cada rayo de plata, cada fulgor sutil,
es un abrazo lejano, un beso gentil.
Desde el cielo vasto, en su luz te envuelve,
y en su mirada clara, tu sueño se resuelve.
La luna, testigo de mis pensamientos,
guarda en su brillo todos mis sentimientos.
Mientras te escribo, ella te contempla,
y en su luz suave, tu alma se encuentra.
En cada verso, en cada línea escrita,
la luna susurra su canción bendita.
Te arropa en su manto de luz y misterio,
y cuida tu sueño sincero.
Ella es guardiana de noches serenas,
y en su presencia, todas las penas
se disuelven como la niebla al alba,
dejando solamente paz en su calma.
Mientras te escribo, en esta noche clara,
la luna te observa, te ampara.
Mis palabras viajan en su luz brillante,
y llegan a vos, dulcemente, constante.
Que sus ojos celestes sean tu guía,
que su resplandor te llene de alegría.
En cada letra, en cada estrofa,
siente el calor que en la noche se acopla.
Así, entre versos y luz lunar,
estoy en la distancia, sin cesar.
Los ojos de la luna, siempre presentes,
velan por vos, en noches silentes.

martes, 4 de junio de 2024

 Sin haber visto tus ojos, ya conozco tu mirada,
es en tus palabras donde tu alma se desvela.
Eres un misterio, una joya delicada,
una musa etérea en esta vida tan bella.
En cada línea escrita,
se intuye un mundo lleno de sensaciones,
tus palabras son puentes, a un alma infinita,
que toca y transforma.
Eres un enigma de dulce poesía,
una melodía que en el viento se expande.
Cada frase tuya es pura coherencia
sin haberte conocido, te siento cercana,
en cada palabra, tu esencia se revela.
Tu espíritu libre, como un ave temprana,
me inspira, me eleva, y mi mente vuela.
Tu belleza es interna, brilla en lo no dicho,
en los espacios entre tus pensamientos.
Eres luz y sombra, verdad y sabiduría,
un ser completo, lleno de sentimientos.
Sos la magia que se intuye al leer,
el susurro suave que en la mente queda.
Gracias por ser, aunque en la distancia,
una inspiración, una guía sutil.
Así, sin conocerte, te admiro y aprecio,
pues en tus palabras, he hallado el reflejo.
De una mujer maravillosa, un verdadero sueño,
que con su escritura, ha tocado mi espejo.

domingo, 2 de junio de 2024

 Hoy celebramos fiel compañero,
amigo incondicional, guardián sincero,
en tus ojos brilla la pureza del amor,
en tu lealtad, hallamos consuelo y calor.
Cada día a tu lado es un regalo divino,
tu presencia constante es un tierno destino,
con tus patas firmes, caminas a nuestro lado,
en alegrías y tristezas, siempre has estado.
Eres el primero en saludarnos al amanecer,
con un meneo de cola, con tu afecto,
sin palabras, comprendes nuestro ser,
y en tu silencio, nos ayudas a vivir.
En tus juegos encontramos la risa perdida,
en tu compañía, la soledad es vencida,
tu ladrido alegre, tu trote veloz,
son música y danza, un canto a la voz.
A veces, en la calma de la noche estrellada,
te encuentras a nuestro lado, en guardia fiel y callada,
tu pelaje suave, tu aliento cálido,
nos brindan paz, un refugio válido.
Has sido testigo de nuestros días y noches,
de secretos susurrados, de abrazos y reproches,
en tus ojos vemos un mundo sin malicia,
lleno de amor puro, lleno de caricia.
Hoy te celebramos, amigo sin igual,
por ser el faro en nuestro temporal,
por tu amor, sin condiciones, sin esperar nada a cambio,
por ser la constante, en este mundo de cambio.
A vos, noble perro, en tu día especial,
te agradecemos desde el alma, de manera total,
por cada momento compartido, por cada gesto leal,
eres más que un amigo, eres nuestro ideal.
Así, en este día, elevamos nuestro canto,
fiel compañero, con tanto amor,
que sepas que siempre, en nuestro corazón,
tendrás un lugar, un eterno rincón.



jueves, 30 de mayo de 2024

 En los rincones de su corazón reservado,
habita el temor de un amor soñado,
una mujer valiente, pero con miedo a sentir,
a entregarse completa, a dejarse ir.
Sus ojos, espejos de historias pasadas,
reflejan cicatrices de batallas libradas,
cada suspiro guarda una duda silente,
cada latido teme a lo que el amor presente.
Ha construido muros, altos y firmes,
protegiendo su alma de heridas que afirmen,
que el amor es un riesgo, un salto en lo incierto,
un camino de rosas y de dolor encubierto.
Pero en el fondo, en su esencia más pura,
desea la caricia, la ternura segura,
anhela un abrazo, un susurro cercano,
que calme sus miedos, que tome su mano.
Los días pasan, y en su soledad,
siente el vacío de la oportunidad,
de amar, sin barreras, sin temor ni recelo,
de encontrar en el otro, su reflejo en el cielo.
El miedo es su escudo, su fiel protector,
pero también su cárcel, su limitador,
porque en cada rechazo, en cada “no puedo”,
se pierde la magia, se desvanece el anhelo.
Quizás un día, en un momento sereno,
se atreva a soñar, a olvidar su veneno,
y en los brazos de alguien, encuentre el coraje,
de amar, sin reservas, sin miedo al paisaje.
Porque en el amor, en su riesgo y su danza,
hay una promesa, una eterna esperanza,
de sanar las heridas, de vivir en verdad,
de hallar en el otro, su propia mitad.
A vos, mujer valiente, que temes amar,
te dedico estos versos, para recordar,
que el amor es un viaje, un vuelo sin red,
pero vale la pena, aunque cause temor o sed.
Deja que el corazón guíe tu camino,
permite que el amor te muestre el destino,
porque en sus brazos, encontrarás la paz,
y el miedo se disolverá, como un eco fugaz.

miércoles, 29 de mayo de 2024

 En el Delta del Tigre, un rincón encantado,
el río Carapachay, sereno y dorado,
refleja la luna en su manto plateado,
creando un paisaje de ensueño, iluminado.
la luna, tímida, se asoma entre nubes,
bañando el río en destellos sutiles,
susurra secretos en murmullos suaves,
y en su brillo, se entrelazan sueños y febriles.
Las aguas tranquilas, espejo del cielo,
reflejan su rostro con místico anhelo,
y en cada ola, en cada vaivén,
se esconde la magia del nocturno edén.
Las estrellas observan, como joyas dispersas,
la danza de la luna, en su senda adversa,
y en el silencio del río, en su calma perpetua,
se revela el misterio de la noche correcta.
Los sauces llorones, con ramas tendidas,
acarician el agua, en noches bendecidas,
y la luna, en su juego de luces y sombras,
pinta cuadros efímeros que el alma asombra.
En el Carapachay, el tiempo se detiene,
cada instante es eterno, cada suspiro entretiene,
la luna se oculta, pero su esencia queda,
en el corazón del río, en su mística vereda.
Es un vals de luz y de reflejos dorados,
un poema sin palabras, en sueños plasmados,
y en el eco del río, en su canto sereno,
se guarda la magia de un amor terreno.
Así, en el Delta, en noches de plata,
la luna y el río, en danza me ata,
creando un mundo de ensueño y verdad,
donde el corazón halla su eternidad.
La luna se esconde, tras el velo del cielo,
dejando un susurro, un místico anhelo,
y el río Carapachay, en su curso infinito,
guarda su reflejo, en un abrazo bendito.

martes, 28 de mayo de 2024

 En el rincón mágico del jardín de infantes,
brilla una luz cálida, con destellos vibrantes,
es la maestra querida, de corazón generoso,
que con manos suaves, guía a cada niño curioso.
Sus ojos, llenos de ternura y comprensión,
son faros que iluminan el camino del corazón,
cada día, con amor y dedicación,
construye un mundo nuevo, lleno de imaginación.
Con paciencia infinita y sonrisa radiante,
enseña en cada instante,
sus palabras, dulces melodías de esperanza,
siembran en los niños sueños de alegría.
En sus manos, los lápices cobran vida,
dibujando futuros, en una danza compartida,
los cuentos cobran magia, en su voz encantada,
y cada niño escucha, con alma entregada.
Sus caricias son suaves, sus abrazos sinceros,
brindan consuelo en momentos ligeros,
y en el juego diario, su amor se despliega,
como un lazo invisible, que todo lo llega.
Cada lágrima seca, cada risa amplificada,
son testimonio de su entrega dedicada,
en el patio del jardín, donde los sueños florecen,
ella es la guía, la estrella que no perece.
Los niños la adoran, con cariño genuino,
porque en su presencia, hallan un camino,
y en el arte de enseñar, ella es maestra y más,
es la constructora de futuros, la que siembra paz.
Sus enseñanzas trascienden el aula pequeña,
son lecciones de vida, que el tiempo diseña,
y en cada niño que crece, se ve reflejada,
la huella imborrable de su amor.
A vos, maestra del jardín, dedico esta poesía,
en agradecimiento por tu labor día a día,
por ser faro de luz, en la infancia temprana,
por hacer del mundo, una casa más humana.
En cada flor que brota, en cada risa clara,
se encuentra tu esencia, que nunca se apaga,
y en el corazón de cada niño que guías,
vivirás para siempre en él.

Entre Vos y Yo. +

El brillo de tus ojos, el color de tu cabello y la sensualidad que despliegas en cada palabra de enojo, solo está en vos, en las canas que e...