El tantra también puede comenzar con algo tan sencillo como el aroma de un aceite, un dulce o mermelada sobre el cuerpo y la luz tenue de una vela en conjunto con la música lenta llenando el silencio.
El aceite, los aceites u otras materias se vuelven parte de ese ritual de calma, de presencia y de conexión, mientras el tiempo parece detenerse y todo lo que existe alrededor pierde importancia.
No hacen falta palabras; basta una mirada, una respiración compartida, que es lo primero que seriamente debemos lograr con la suavidad del ambiente y esa sensación de estar completamente presentes en un mismo instante.
Porque el tantra no está solamente en el contacto, sino en la intención, en la confianza y en la manera de descubrir que dos personas pueden crear, juntas, un pequeño universo donde cada sensación tiene su propio significado.
Es allí donde la sensualidad deja de ser prisa y se convierte en presencia, en misterio, en complicidad y en una forma diferente de sentirse cerca.
La palma de las manos, la palma de los pies, los dedos de pies y manos, en conjunto con esa prenda mínima de ambos, son el inicio antes de que llegue la tercera materia a formar parte de un todo que a simple vista parecería incómodo, pero al ponerlo en contacto, pasa a ser una parte más de la pareja y con los sucesivos encuentros se va incorporando tan naturalmente que pasa a ser elemental en el encuentro, como el tiempo que, sesión tras sesión, se alarga hasta convertirse en un momento único que dura lo que nunca se hubieses propuesto, sin conocer el tantra paso a paso.

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