Un domingo de sol en Buenos Aires,
una esquina de luna en mi barrio,
llevándose las flores
por el medio de la avenida.
Así es Buenos Aires:
el Obelisco, un buzón,
un bandoneón y un tango
mezclados con la ternura
de sus días y sus noches.
Y entre todo eso, vos.
Como una noche de primavera
a orillas de la luna,
con el perfume de la lluvia
sobre el asfalto mojado.
No quisiera encontrarte:
te encontré.
En una esquina cualquiera,
cuando la tormenta se alejaba
y Buenos Aires volvía a respirar.
Desde entonces,
hay calles que tienen tu nombre
y una luna que, cuando aparece,
se parece un poco a vos.

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