La luna de Saavedra
no es igual a la lluvia de Cabildo.
En Cabildo, la tormenta
inunda las calles,
mientras en Saavedra
las estrellas brillan
como recuerdos que se niegan a morir.
Y en el desconsuelo de tu ira,
el viento se lleva
la única nube
que te invitó a pasear por la vida.
Queda la lluvia,
queda la luna,
quedan las calles vacías…
Y ese cielo que, aunque sea el mismo,
ya no nos mira igual.
Porque hay tormentas que mojan la vereda
y otras que nos llueven por dentro.

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