Los ojos color de asfalto,
la mirada perdida en la nada,
y en el cabello, una flor
que guarda recuerdos del alma.
Él partió sin despedirse,
sin un adiós, sin regreso,
el día en que el sol le nubló la vista
para siempre, en silencio.
Y ella quedó allí,
abrazada a un recuerdo,
con los labios llenos de preguntas
y el corazón cubierto de invierno.
Virgen de la vida,
sin conocer sus primaveras,
sin descubrir la luz del sol,
sin que el amor le abriera
las puertas de su corazón.
Se quedó esperando un mañana
que nunca llegó a su ventana,
con una flor entre los cabellos
y mil sueños durmiendo en su almohada.
Él se llevó la despedida
que jamás pudo pronunciar,
y ella se quedó con una vida
que nunca terminó de comenzar.
Porque hay ausencias que no entierran a los muertos,
pero dejan a los vivos
sepultados en el recuerdo.
Y en sus ojos color de asfalto,
donde alguna vez brilló la ilusión,
todavía llora aquella muchacha
que nunca conoció el sol…
ni el verdadero calor del amor.

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