Te encontré
yirando noches
en el loco Buenos Aires.
Tu rostro asomó el perfil,
de la calma y la soledad,
detrás de aquellos lentes
inolvidables.
Tu decir en cada consejo
alegró las noches,
despertando los días vacíos.
Tu presencia
marco el orgasmo de la vida.
Te encontré
y desde aquel diecisiete
nada fue igual,
tomó sentido cada burbuja,
cada espera
y el sol salia para y con vos,
esa fecha...
donde todo se paralizo
por el recuerdo de un prócer
y yo me movilicé.
Te descubrí eterna y única mujer,
transparente y bella,
en el mundo de las letras
que surgen hacia ti, te encontré
para no buscar más,
pues ya tengo todo
con solo saber
de tu mágica presencia.