Se siente en la piel
cuando los labios rozan el aire
antes de encontrarse,
como si el mundo contuviera el aliento
sólo para escuchar ese silencio.
Se siente en el cuerpo
cuando un abrazo aprieta de verdad,
cuando sostiene sin miedo,
cuando devuelve calor
y no la sombra tibia de un gesto vacío.
Es ahí,
en el leve temblor de las manos
que buscan otras manos,
en la caricia que llega lenta
como quien sabe
que la ternura también seduce.
Es ahí,
cuando escuchar es un acto
y no un trámite,
cuando dos respiraciones
hacen una pausa idéntica
sin haberse puesto de acuerdo.
Ahí empieza todo:
la magia que no se explica,
el deseo que no pide permiso,
la piel que reconoce
antes que la razón comprenda.
No des más vueltas.
El tiempo no espera.
La vida no avisa.
Quédate donde el abrazo habla,
donde la caricia responde,
donde tus manos encajan
como si siempre hubieran sabido el camino.
Quédate ahí.
Justo ahí.
Donde empieza el fuego.
cuando los labios rozan el aire
antes de encontrarse,
como si el mundo contuviera el aliento
sólo para escuchar ese silencio.
Se siente en el cuerpo
cuando un abrazo aprieta de verdad,
cuando sostiene sin miedo,
cuando devuelve calor
y no la sombra tibia de un gesto vacío.
Es ahí,
en el leve temblor de las manos
que buscan otras manos,
en la caricia que llega lenta
como quien sabe
que la ternura también seduce.
Es ahí,
cuando escuchar es un acto
y no un trámite,
cuando dos respiraciones
hacen una pausa idéntica
sin haberse puesto de acuerdo.
Ahí empieza todo:
la magia que no se explica,
el deseo que no pide permiso,
la piel que reconoce
antes que la razón comprenda.
No des más vueltas.
El tiempo no espera.
La vida no avisa.
Quédate donde el abrazo habla,
donde la caricia responde,
donde tus manos encajan
como si siempre hubieran sabido el camino.
Quédate ahí.
Justo ahí.
Donde empieza el fuego.

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