Allá donde el cielo
se cruza entre las nubes,
con el sol de cada noche,
descubro tu nombre escrito
con las primeras estrellas del anochecer,
solitaria compañera

de los minutos contados,
de los silencios hablados
y las manos llenas
de amor y solidaridad.
Allá donde tu alma
desangra heridas de triste pasado
cubiertas de arena que supe soplar,
encontré la ternura
de las cosas simples
en los pequeños momentos que,
con el correr del tiempo,
podemos compartir,
fundiendo nuestros sentimientos.
Allá, donde los relojes
no dejarán de girar,
yo... detendré el segundero
y algún día
sabrás porqué escribo,
en la soledad de las hojas blancas,
tu nombre... sin nombrarte.