la ruta los acompañó.

más majestuosa, los puentes le guiñaban el paso,
el verde reía a su andar.
Al costado, el río los encontró juntos,
y calló su ritmo para escucharlos.
Al regreso detrás de los cristales
la historia comenzaba a tomar forma.
Les sonrió la luna, la ruta volvió a acompañarlos,
celosa e inquieta, por no poder escuchar
qué pasaba detrás, y entre estrellas celosas
el amor siguió el camino de la eternidad
a través de los años, desde aquel
inolvidable amanecer,
camino al sur por primera vez.