el umbral y aquella barra que hoy están ya callados,
se fueron tras la de cuero que tarde a tarde brillaba,
esas charlas inolvidables esperando el alba en madrugada.
Quedó el portón, y el viejo paredón, ya ni el silbido

la ochava cambio de color y hasta perdimos la vieja lámpara
que noche a noche rompía la ilusión de pensar en el mañana
como si fuera hoy, pero estamos en el aire yirando
la noche como ángeles,guardianes de un barrio que
todavía entre suspiros y el ruido del tren,
sobrevive en la atmósfera de Buenos Aires buscando
la utopía que todavía tenemos escondida en un rincón
del corazón barrial, entre coordenadas de un tango
que todavía, nos busca cada anochecer,
entre lágrimas vivas de recuerdos inolvidables.