El ritmo del giro de su potente luz acompañando los barcos
de pesca en plena noche, nos acompañó desde lejos, sentados frente a los
acantilados. Nuestra conversación giro en abrazos y múltiples sensaciones inolvidables,
mientras la mulita espiaba nuestro dialogo que jamás perderíamos, no fue una
noche más, fue inolvidable ella, yo, la
mulita, el faro y el mar, mejor postal
imposible.
martes, 3 de junio de 2014
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