Dejé la mesa del almuerzo, y llegué después de caminar veintitrés cuadras, a la orilla del mar, respire profundamente, Mar del plata, ciudad feliz, inconscientes tomando sol y el país muere día tras día y ustedes ignoran la realidad bajo el sol.

Camine hasta la punta del espigón tratando de relajar mi bronca, mis pasos acompañaban la mirada al frente tratando de dejar el vació de un mundo de gente que solo disfrutaba del hermoso día que bañaban las aguas del mar, las playas en pleno enero rebalsan de alegria , pero no es mi casa y no comparto esa situacion tan agradable que produce a veces tanta ignorancia y ocultamiento de la realidad.
Metros antes de llegar al final de la mole de hormigón, el romper de las majestuosas olas creaban una llovizna refrescante que dibujaba de a ratos el arco iris y bañaba bruscamente el brazo que se internaba en el agua salada.
El asombro sacudió mi cuerpo, abrí y cerré los ojos ligeramente más de una vez pensé en un sueño, cerré los ojos respire profundamente camine dos o tres pasos hacia atrás , volví a abrirlos.
No ,no era un sueño, mi realidad era tangible, bella mujer, castaño cabello, ojos oscuros, silueta de ángel, por su rostro transitaba una lagrima azul que se distinguía en su cuerpo desnudo y mojado, me tendió la mano, suavemente, me tomo la mano, le grité
-quién sos…??
-Democracia, sigue tu lucha, me dijo y desapareció entre la suave llovizna, mire la ciudad de frente y comencé a correr sin descansar hasta llegar a mi cuarto y en mi interior estalló un grito que aún me suena cada día y por el cual luchó ante tanta injusticia.