martes, 15 de julio de 2003

Abuela AMPARO.

Me acuerdo como reía
cada vez que la abrazaba
y bromeandola un poquito
a upa la levantaba,
era bajita y canosa,
su cabello blanco nieve,
que a veces lo matizaba
para un evento social.
Ella quería llegar
a conocer algún nieto
y terminó la gallega
conociendo cinco bisnietos,
a cuatro nietos caso,
pero igual siguió mimando,
que un matambre para uno
que una lengua para otro,
que una cortina tejida
a crochet con sus manitos
o agarraderas para otro
si antes no las llenaba
a sus arrugas tan lindas,
con un regio moretón,
ya que su piel tan propensa
a cualquier machucon
mostraba rápidamente
el azul negro chichon.
Y lavó y plancho la vida
siempre en un piletón,
después fueron los nietos
su preocupada devoción,
sin descuidar a la hija
que a cargo de ella quedo,
y fueron  pasando los años
y fue viviendo mejor
con su sillita y el mate,
la perra el gato y la tele
la fueron acompañando
a pasar sus días mejor,
y un día ya de viejita
la lleve hasta el mar,
ella no lo conocía
solo nos escuchaba hablar,
allí mojo sus piecitos
y por sus manos corrió
jugando con sus arrugas
la fría agua y el sol,
un día comenzó a apagarse
ya no importa a que edad,
dejo de contarme historias
para comenzar hacerla ella.
Yo, hoy cuento la de Amparo
mi hermosa abuela paterna
que aquel día nos dejo,
ya no importa la fecha
total ella, esta mirando
como hoy, la estoy recordando.
chau abuela.

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