lunes, 31 de julio de 2017

*HOY.

La llovizna de Saavedra tiene magia,
en ella bailan los duendes del barrio.
Chona añora la farmacia
que aún lleva su nombre
sobre la avenida;
Giménez sigue dando vueltas
pero los boliches ya no están
abiertos hasta tarde
como hace años, y me invita
a seguirlo hasta Cabildo,
a tomar el último café de la noche,
como hace más de veinte años,
cuando Saavedra no dormía
y las puertas apenas
se cerraban sin rejas.
El Polaco se fue de gira
a cantar algún tango
vaya a saber dónde,
pero su imagen
da la bienvenida al rioba,
y yo... sigo dando vueltas
entre musas y canciones
buscando, con esperanza,
la dignidad, el respeto
y aquellas pequeñas
grandes cosas que no se ven,
pero se perciben;
que no se compran
pero existen;
que no se venden
porque no tienen precio
y no se ocultan
porque son transparentes,
y sé que están, quizás hoy
medio ocultas en la multitud.
Busco la verdad, la justicia,
la honestidad y el respeto;
la caballerosidad y
el saludo amable con el vecino.
Todo eso tiene más valor
que la moneda y en el barrio,
como en casi todos los barrios está,
solo hay que saber encontrarlo,
como a los duendes
que se fueron,
pero no se lo llevaron,
porque de ellos aprendí
lo que soy y jamás
los defraudaré
ni a los duendes,
ni a mis padres
ni a mis queridos profes,
hoy amigos de la vida
como todos lo que algún día
en las mesas de hoy bares cerrados
nos planteamos una vida
como la que llevamos día tras día,
para y por lo cual
seguimos compartiendo
hermosas veladas a orillas del sol
disfrutando lo que algunos perdieron
y nosotros conservamos sin esfuerzo
pues lo llevamos adentro.




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