lunes, 5 de junio de 2017

*MDQ.

El auto estaba estacionado frente al mar, los altos acantilados los separaban de él y la fuerte lluvia pegaba en el parabrisas como castigándolo. Los vidrios comenzaron a empañarse y el océano se desdibujó detrás del diluvio hasta encender el desempañador. Ella mira fijo el horizonte, ahí donde la línea del mar se confunde con las espesas nubes; el limpiaparabrisas iba y venía sin cesar, lo mismo que su mente que no encontraba el equilibrio justo entre cabeza y corazón. Él la miraba fijamente, comprendiendo todo, por la radio anunciaban más tormenta, mucha agua todavía por caer. Comenzaba a anochecer, ella lo miró a los ojos y comenzó a besarlo, apasionadamente. Mientras saca las esposas del bolsillo de su campera, él mantiene los ojos cerrados. En tanto se siguen besando ella velozmente esposa su muñeca al volante y baja del auto. En décimas de segundo él la ve tirarse desde el alto acantilado y entra en un terrible pánico enloquecedor. Desesperado intenta llegar al celular y llamar a la policía.
A las 20:30 llegó el patrullero, a él lo están indagando, mañana con el día probablemente sepamos algo de ella... Mientras, en Mar del Plata, sigue lloviendo torrencialmente y por la radio, la televisión y los portales de internet las especulaciones del nuevo femicidio ya recorren el mundo . . .

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