lunes, 7 de noviembre de 2016

* (Capitulo I)

Me acosté pensando en el viaje, en pocas horas tenía prevista la partida, casi sin rumbo, pero con lugares prefijados, aunque no asegurados. A las once de la noche comienza a diario mi programa favorito (La Noticia Deseada), lo escucho hasta la medianoche de lunes a viernes. Intenté prestar atención a las noticias del día y a la nueva investigación de Nico y su padre sobre el abuso de dinero derivado a obras que nunca comenzaron, pero mi concentración en el viaje fue más. Entre los pensamientos y la radio me fui quedando dormido hasta que las voces se convirtieron en un lejano susurro, pasada las doce de la noche.
Cuatro menos diez de la mañana. El reloj sobre la mesa de luz la acusa sin retraso, lo volvió a pensar unos segundos y, sin dudarlo, decidí la partida. Dos camisas, dos remeras, un jean y ropa interior, más lo puesto. Está fresca la mañana, me puse un buzo mientras calenté una taza de leche en el microondas, con una buena medida de café serán suficientes antes de dejar la cocina camino a la calle, se levantó mi madre a despedirme, solo ella sabe del viaje y entre cientos de consejos en segundos, me despidió con un beso antes de mi salida al pasillo.
Al lado del porta llaveros, en la repisa del comedor diario, la foto de los mellizos, mis hijos
"ya están grandes", pensé en voz alta y le comenté a mi madre; ésta tiene como cinco años, pero me la llevó. En la soledad de la ruta siempre fueron una buena compañía, su solo murmullo daban magia al camino, esta vez los llevaría en una foto, de papel, como las de antes; sería un placer tenerlos cerca, en el asiento del acompañante o en cualquier parte del auto, pero cerca, mi madre repito una vez más, _ ahora con los teléfonos ya no tengo más fotos de papel de ninguno de ustedes, me volvió a saludar y cerró la puerta acompañada de la perra y me pidió nuevamente que me cuide.
Encendí el celular, no hay mensajes, pero sí todavía algunos amigos conectados. En Talca, allá en Chile, el punto verde le indica a Silvana conectada, la salude como lo hago habitualmente deseándole un buen día, ella respondió que estaba aún desvelada, escribiendo y que dejará ya su notebook para intentar ganarle al insomnio, me deseo buenas noches y buen descanso, tal vez pensando que recién llegaba a casa y me acostaría como lo hago casi a diario.
Enfrente el corto pasillo hacia la puerta de calle con todos sus seguros; los abrí, salí y cerré. Los zorzales acompañaban mi retirada del Pasaje, mientras ponía en marcha el auto. Encendí el coche y salió lentamente. Eran las cuatro y media e intentaré una primera parada en el Café de la estación, quizás esté por llegar Alberto el topo para los amigos, a tomar su primer cortado antes de ir a trabajar.
Con Alberto los une una larga y extraña relación, una profunda amistad desde la escuela secundaria, la pasión por la música nos fue amalgamando, por diversos motivos y sentimientos, en una época donde comenzaba el rock nacional a tomar su propia identidad, sin ser muy masivo. Con él recorrimos diversos rincones donde todo se estaba gestando, mientras por otro lado la música que se llamaba "complaciente" era su archirrival. Siempre digo: "Nosotros éramos una minoría quizás más pensante y selectiva" o, por lo menos, eso creíamos, de lo que en aquellos años estaba por llegar musicalmente para instalarse de a poco, definitivamente y de la cual hoy se adueñaron todos, mientras pense en voz alta - si no lo encuentro pego la vuelta a la manzana, seguramente ya está con el agua lista para los primeros mates del día el termo en las manos de otro amigo muy madrugador.

A pocas cuadras de casa,  apenas dos, me cruce  con Pablo, medio dormido; venía de llevar  a su hijo al trabajo como lo hace cada vez que le toca el  turno intermedio y le aviso "Ojo, que Balbín está cortada de nuevo", por las obras del túnel que hace años están por realizar,  pero ante el impedimento de algunos vecinos sigue sin solución, una semana de obras, una semana cortada; me grito "el Bar está cerrado", y agrego "anda a dormir". se saludaron con el "chau, hasta luego", y el bocinazo de siempre.
Me fui en busca de los primeros mates y el saludo en la remisería antes del viaje, sin encontrarlo a Alberto por las calles del barrio, seguro que al ver nuevamente la avenida cortada se fue para el lado de Belgrano. Pase lentamente entre las vallas y la vereda, al doblar en Tronador allí estaba, terminando de secar el auto como cada mañana y el mate asegurado. Estacione en la ochava y, entre saludos y bromas, llegó el primer mate, mientras en Saavedra despuntaba el amanecer.
 En esa linda conversación con Hector se fue casi el termo, antes de seguir viaje (ya decidido hacia la zona norte), entonces sonó el teléfono y juntos partieron dejando la solitaria esquina de Manzanares al cuidado del canto insistente de los pájaros amigos de Humberto que cada noche, pasadas las doce, comienza a pensar cómo hacer callar su canto tan tempranero que nos casi molesta en medio de la mateada nocturna a la espera del sonido del teléfono para un nuevo viaje, entre viejas anécdotas de bromas y azúcar endulzando el paso de las horas entre mate y mate.
Pegué toda la vuelta para atravesar la avenida e intentar el camino hacia Vicente López, decidí cruzar por Superí, recién comenzaba el tránsito a movilizarse. Al pasar por sobre la Av Gral Paz el sol ya emitía su brillo esplendoroso. Estaba muy cerca, a cuadras, de una gran amiga que quizás aún estaba despierta o recién amanecida, creando algo nuevo, lindo y colorido (como siempre) mientras desayuna. Pare, busque encontrarla, sí estaba conectada y con un simple "hola", le conté que estaba a cuadras de su casa y me dijo "¡veniteeee! Pongo el agua, recién me levanto". Entre abrazos y saludos, mate de por medio ( dos, la tana mas no hace, no le gusta ,ella es más del café ), visite a Elena sin contarle dónde iba, hasta que como siempre le termine contando que pensaba hacer, y me dijo ok, pero teneme al tanto dale, - dale le dije y seguimos conversaron un rato de varios temas, como de costumbre, mientras ella se alistaba para salir al encuentro de un nuevo proyecto de diseño, cuyo  eje central de la publicidad era la imagen del Obelisco dado vuelta, de punta al piso y con rostros de figuras importantes del país ploteadas en sus cuatro caras e iluminadas verticalmente, proyecto con el que venía insistiendo ante el Gobierno de la Ciudad hace años, pero esta vez las posibilidades estaban casi dadas para comenzar. Una mega muestra de diseños para recordar la historia a través de imágenes en puntos claves de la ciudad, pasando así por grandes figuras de la política, las artes, la ciencia y todo el abanico cultural porteño.
La intención fue alcanzar a Elena a la parada del colectivo más cercana, pero el nuevo sistema del Metro Bus lo complicó: apenas llegue a la avenida nos despedimos, la Tana me gritaba cuídate y llama y yo retome Maipu hacia la Gral. Paz, camino al Riachuelo para empalmar el acceso norte hacia Tigre; probablemente Mingo ya estaría en la oficina y antes de doblar por el acceso lo llame, pero no tuve respuesta.
Seguí camino al norte, no sabía si tomar la ruta 9 derecho o doblar en el acceso a Pilar, para luego tomar la 8. El tránsito se iba tornando cada minuto más intenso en ambas direcciones, aún quedaban un par de kilómetros, no muchos, para decidir, pero primero debía parar a cargar combustible, no lo hice antes de salir, así que bajé en la 197.

Cargue nafta, de paso use los baños de la estación de servicio: Al subir nuevamente al auto decidí tomar el acceso a Pilar, todavía era temprano, tal vez encontraría en su casa a Carmen, de vuelta de la caminata matinal diaria, o a Jorge por algunas calles del barrio, ese barrio del que tengo los mejores recuerdos vividos en familia: Mirta, mis hijos Diego y Daniela, mis padres, mi hermana junto a mi sobrina y mi cuñado. Recuerdos que están a diario en mi memoria como momentos irrepetibles y que un día se cortaron y aún mastico en la soledad de las rutas y calles, una que otra noche entre lágrimas y música de los 70´a todo volumen, entre jazz, pop y rock nacional.
Extraño este lugar, estas calles, su perfume, el rocío del verde cada mañana y el canto del silencio: mi lugar en el mundo, el que elegí hace ya muchos años, cuando mi proyecto de vida era terminar viviendo allí, ya que la Capital por más linda que a muchos les parezca, no deja de ser un loquero de ruidos sinfónicamente desafinados, con un mundo de gente que entra a la ciudad desde horas muy temprana, agotando toda posibilidad de buena circulación hacia cualquier sentido elegido y no cesa hasta pasadas las nueve de la noche.

Fui hacia allí, en la puerta de la casa justo salía Jorge, no supo adónde iría, no le comentó, solo se saludaron con un fuerte abrazo y lo invitó a pasar, adentro estaba Carmen trabajando con hojas de diario sus hermosas manualidades y la pava sobre el fuego lentamente para tomar mate (ella por segunda vez). Entre abrazos y bienvenidas, consumimos el agua, poniéndonos al día de meses sin vernos. Les comentó que tenía la vida últimamente bastante complicada, a partir de lo cual comenzó una linda conversación de consejos e intercambios, que termine agradeciéndoles la escucha y las recomendaciones de ambos, entre amargos y amargos , sonrisas y lágrimas antes de  partir, hacía apenas horas estaba comenzando el viaje, del que solo comente: "Me salió un viaje a cuadras de aquí, pensé en ustedes y pasé a saludarlos", con lo que cerraba con lujos de detalle mi visita ya que como remisero, siempre sé que salgo de Saavedra mi barrio pero nunca donde terminare viajando y ellos lo saben.

Nuevamente la calle Brasil, donde quizás algún día mis hijos depositen mis restos y recuerden que elegí ese lugar como el mío en el mundo, después de haber vivido con ellos y la madre los mejores momentos de vida, donde todo se proyectaba casi prolijamente y sin inconvenientes, hasta que un día el destino pudo más que la realidad y la vida me jugó una mala pasada que aún sigo transitando después de muchos años. Mire la foto de ellos y como una película pasaron años en segundos: me vi colgado podando esos bellos árboles, a ellos hamacándose en el parque o gritando en la pileta, los perros corriendo detrás de alguna pelota... y entre los ruidos del recuerdo retome la calle ahora asfaltada camino nuevamente a la ruta 26, recordando a Mirta embarazada con una remera roja y un rostro rozagante jugueteando con los perros, y la imagen de mi viejo frente a la parrilla haciendo como de costumbre un asado.
Continué la marcha por la calle Argentina hacia la ruta. Antes de salir del barrio, sonó el teléfono en el bolsillo de la camisa: "holaaa", enseguida reconocí la voz después de tantas charlas durante años: Mingo vio mi llamado y acusó recibo, salía de la municipalidad de Escobar, le comenté rápidamente que estaba cerca y decidimos encontrarnos en el Automóvil Club de la 26 y la 9 para conversar un rato.

No pasaron más de diez minutos para el encuentro. Los expedientes y la burocracia municipal requerían un descanso para mi compadre, el café y el cortado nos mantuvo entretenidos en una linda conversación como lo hacemos habitualmente, hablamos de la saqueadora y sus secuaces, de la justicia que tanto esperamos en la última década, si llegará o no la cárcel para aquellos que jugaron con tantos miles de millones sin importarles nada ni nadie, pasando luego a la parte familiar en la cual me siento en deuda con los acontecimientos ocurridos en el último año en su familia, lo que no puedo enfrentar por diversos motivos que fueron acumulándose, se fui alejando de todos los seres  queridos y encerrándose cada vez más en un laberinto que, con este viaje, intento comenzar a salir, priorizando mis hijos ante todo y luego aclarando con amigos ciertos temas que ire resolviendo paulatinamente.

Pero el tiempo comenzó a correr y, después de un llamado inesperado, a Mingo lo esperaban con urgencia en Pilar, así que quedó trunco el segundo pocillo y nos despedimos rápidamente sin terminar de conversar algunos temas pendientes, por lo menos para mi.
Mingo se fue rápidamente por la 26 hacia Pilar y yo rumbo al camino programado: la 9 al norte.
La ruta no estaba muy transitada y el ritmo a 120 km resultó simpático, Lanata me acompañaba con su programa radial, en no más de 100 kilómetros la localidad de San Pedro me esperaba. Allí pase uno de los días más lindos de los últimos años, un domingo de lluvia, había comenzado a comprender, en una larga conversación que se inició a las ocho de la mañana yendo hacia ese lugar, hasta las ocho de la noche, de regreso.
Hablando con una supuesta mujer, sobre el hombre y el Budismo como forma de vida. Un estado de cuerpo y el alma, donde todo pasaba por el bienestar, primero de uno y así poder luego ayudar al otro. "El otro" significa de poco y de boca en boca, el bienestar de todos, primero el grupo familiar y, como círculos de una piedra arrojada al agua, los círculos que se abren y así se llega al humanismo en su mayor expresión, donde todos deberíamos disfrutar durante nuestro paso por la vida sorteando los obstáculos, sin dañar a los demás y formando parte de un todo en cualquiera de las consecuencias a diario transitadas, con premisas mínimas pero indispensables para lograr a partir de uno y los círculos antes mencionados, lograr con el tiempo un mundo mejor para todos, donde la comunicación, la palabra y el entendimiento sean el camino conductor para que quizás algún día todos podamos vivir sanamente en paz y armonía plena de cuerpo y alma.
En reuniones con budistas comencé a conocer gente muy capaz, de tremenda inteligencia y sentido común de la vida, como Raquel  y su esposo. Lástima que quien me abrió la puerta a ese mundo y a todas sus bellas cualidades, desertó furtivamente, hace más de un año, dejando una vez más a la luz, el famoso refrán: “haz lo que yo digo y no lo que yo hago”, para partir después de un brutal llamado telefónico, donde a los gritos que cincuenta y nueve suena diferente a sesenta, cosa que cacofónicamente es real y que era muy indigna la posición al robarle el termo, suena loco, disparatado, hasta irreal. Pero la confianza mata al hombre y las mentiras destruyen la humanidad y, como todo político de medio pelo, una cosa es lo que se dice y otra lo que se hace. en la experiencia quedó demostrado en su máxima expresión. Después de ese llamado inesperado, abrupto y brutal, cortó toda comunicación dejándome paralizado, con el celular en la mano y sin encontrar respuestas. (pero yo para no perder la costumbre, ya tenía tres termos en el auto, uno se lo robe a Héctor, el segundo a Elena y el tercero a Carmen, simplemente para saber que se siente al robar nada más,  de aquí al finalizar el viaje seguro tendré unos cuantos.)
Aquel fue un bello domingo de lluvia, donde los mates y la conversación formaron un entorno irrepetible pero el final, lo que podría haber sido una hermosa charla, porque no había ningún compromiso de por medio, terminó en un monólogo a los gritos de algo que nunca entendí. Cortar una conversación de esa manera es incomprensible, entonces recordé todas sus mentiras mirando el río, recordé consejos de amigos ante la sucesión de mentiras, como por ejemplo es muy difícil que alguien se encuentre en reuniones de trabajo con tres personas distintas en tres lugares diferentes el mismo día y a la misma hora, o el Día de la Madre que después de pasear dos plantas de azalea en el baúl del auto, termine regalándole a una amiga, porque la mujer mencionada, siendo domingo no tenía cinco minutos para salir a recibir el regalo a la puerta de su casa pero sí visitar amigos por la causa budismo.

Alberto en una charla de café en La Farola me explicó muy simplemente la diferencia entre fanatismo ciego y la realidad, después de haber leído mucho sobre budismo y conocer el tema casi a la perfección. También Elena y José, en aquella hermosa vereda de Recoleta, me hicieron comprender con el simple ejercicio de ponerse en otra vereda a mirar cuán importante es vivir la vida sin excusas ni mentiras como lo hacen siempre entre ellos y yo con ellos, bueno no en vano después de casi cincuenta años seguimos conversando como cuando en algún recreo nos juntábamos a arreglar el mundo o a organizar una salida de sábado en la escuela que nos reunió a todos.
Almorzando, mientras reflexionaba una vez más, fui intentando dejar atrás aquel mal momento, pero aún espera de ella (como de toda la humanidad) un momento de reflexión para el diálogo, ya que las palabras son la mejor arma de comunicación y los gritos no sirven, las mentiras no conducen a nada y todo se puede expresar dialogando normalmente. Cosa que nunca sucedió ni sucederá pues bien dicen que el que tiene el culo sucio seguro desaparece de los lugares donde sabe que ensucio.
Decidí seguir viaje, antes de bajonearme, tomé la 9, Rosario me esperaba. Y también seguir reflexionando cómo poder llegar a ayudar a alguien que no sabe, no quiere y no le interesa la comunicación de la sociedad como tal,romperme la cabeza pensando el por que ya no tiene sentido.

sábado, 5 de noviembre de 2016

*LA CUARENTA.

Atrás dejé las estrellas
y el sol de costado
comenzó a iluminarme,
el ripio saltaba, la cordillera
comenzó a acompañarme
subiendo iluminada
de hielos y sombras,
luego el pavimento
me dio el descanso
y la temperatura agradable
corrió por mis venas
entre valles y montañas,
el desierto interminable
de la soledad
y el grito del viento
seguía el rumbo
cruzando de este a oeste
mi largo camino,
descansé y el paraje
con mi nombre
me dio su abrigo,
la cuarenta, en medio
del inmenso territorio
donde el sol, las nubes y yo
jugamos el truco cada noche
antes de acostarnos,
para hacer el amor
con la luna.

miércoles, 2 de noviembre de 2016

*SIN AVISO.

Las sombras del acantilado
dibujan la tarde...
entre las huellas de arena,
húmeda e imperfecta,
de tu bello cuerpo
caminando al borde
del dibujo zigzagueante
del mar y la oscuridad,
donde solo brillas vos,
como fuego de arco iris
en la quietud
imponente y solitaria
de una tarde más,
sin mi mano entre
tus bellos dedos de verano
azul, en la costa de la vida
que truncamente
cortó el hilo de las sensaciones,
la ola de gaviotas
que se llevó tu cuerpo
sin aviso.

martes, 1 de noviembre de 2016

*VAS A LLORAR.

Vas a llorar
el día en que mis manos
dejen de acariciarte
y extrañes mis dedos
sobre tu cuerpo;
vas a llorar
el día que mis letras
dejen de tener
el ritmo que susurra
sobre ti desde mis labios
y te encuentres sola
y encerrada,
o en otros brazos
que no serán los míos;
vas a llorar
el día que parta
y quedes sola,
guitarra mía...
vas a llorar.