domingo, 8 de noviembre de 2015

*CINCO Y CINCO

Caminando el amanecer
entre viejas veredas, me detuve.
Al ver tu luz recordé,
el rito que, cada mañana,
invade tu cuarto,
y detrás de la blanca cortina
tus manos abrazando
la humanidad.
Pero tu corazón está vacío
para ayudarte.
Una lágrima cayó por mi mejilla
y, al volver,
los rayos del sol naciente
la secaron.
Ya que tu voz solo suena,
para algunos.

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