miércoles, 3 de septiembre de 2014

POR LA RUTA HACIA MENDOZA


Lindo amanecer mendocino,el frío penetraba los cristales congelados del auto y costo que la calefacción se sintiera en su interior,la ruta 13 esperaba el desafió y llegar a Uspallata era la primer etapa,el mate me acompañaba en la fresca travesía y la ciudad fue quedando detrás,la historia del gran libertador fui recreando en mi memoria y el relato de Rodolfo Terrragno, mezclaba la historia con la investigación kilómetro tras kilómetro.
Maitland y una gran aventura,puesta en papeles y mapas de aquella época y Don Jose una gran epopeya,cruzar los andes,los cuales ya comenzaba a devisar su altas cumbres varios kilómetros antes.
Almorzar ,la parada obligada,luego empalmar la ruta 7 después de pasar el control de los gendarmes apostados en medio de la increíble y majestuosa cinta asfáltica hacia Chile.
Allá a lo lejos, detrás del cordón más alto, el hermano país, aquí la ruta acompañando parte del rio y de la viejas vías de un tren ya abandonado, con sus viejos tinglados de chapa para protegerse de las fuertes nevadas y un descanso, rodeado de camiones que día tras día hacen el cruce trasandino, el infaltable mate para dejar el frio que ya comenzaba a sentirse fuertemente afuera y seguir camino al límite.
Describir el paisaje es imposible, las sensaciones cambian minuto a minuto, los túneles en medio de la roca y sinuoso ir y venir del camino es el cuento más bello de un paisaje pintado. El viejo hotel arrumbado por la historia y sus increíbles leyendas sobre el mismo, el puente de Inca y sus agua eternamente termales a flor de tierra o roca y el cobre de sus mil colores oxidados por el tiempo hacen de la ruta siete un lugar en el mundo el cual, creo que todavía no se ha explotado como maravilla en todos sus sentidos.
Pasaron los kilómetros y el reloj, giro y giro su minutero, el pequeño poblado de gendarme anuncio la llegada las cuevas y en segundos el límite.
Ahí, volvía a enojarme una vez más con mis pensamientos, ¿el límite? el límite de qué, en medio de la belleza, las cumbres, la nieve y la montaña, puse mis pies en uno y otro país según las leyes ,según los hombres ,según los gobiernos.
Saludé nuevamente a los custodias del hermano país, con los cuales la conversación se extendió amablemente , hice lo mismo con los gendarmes argentinos planteándoles lo ridículo del tema, ellos me comentaron de la camaradería compartida, y con mucha bronca ,como más de una vez sin entender de límites ,regresé con la luna hacia Mendoza.

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