martes, 1 de julio de 2014

SÁBADO EN MENDOZA

El mediodía de sábado ya había pasado y la modorra del sol que pasaba tras la ventana invitaban a la siesta,  detrás de la misma mi vista se perdía en la parte trasera del estadio mundialista. La hermosa tarde mendocina comenzaba a pasar igual que un sábado más en esa provincia, donde al no haber actividad en el centro de investigación el día se hacía interminable.
De lejos el tono de su voz inconfundible, con su acento bien español, me sobresalto de aquel descanso, la doctora me venía hablando desde lejos, se extraña la familia y los amigos querido porteño me decía, Ya conocía mis caras de los fines de semana pero con su tono alegre me invito a un paseo, bueno vamos, me dijo, donde pregunte, a las cuevas ¡!!!!
No es hora doctora, llegaremos de noche le dije rápidamente y ella sonriendo dijo, quien nos apura, hasta el lunes no trabajamos y así era. Preparo el mate así usted maneja, vamos en mi auto, tome la llave, voy a preparar los termos!!!!

En menos de media hora, ya estaba todo listo, cerré el departamento, nos encontramos en el estacionamiento, guardo un bolso en el baúl del flamante Renault 19, el termo y mate en mano partimos a la ruta.

La hermosa tarde trascurría y la ruta esplendida nos conducía hacia el límite con nuestro hermoso país, Chile estaba del otro lado de la inmensa cordillera que íbamos recorriendo,  mientras las cumbres cada vez más altas nos mostraban paisaje increíbles, los pasos por dentro de la roca nos quitaban la luz por segundos y el sol que nos acompañaba. Con el trascurso del trayecto  comenzó a perderse para dar paso a una luna llena casi naranja que parecía un cuento,  transitar aquella ruta, entre mate y mate la charla se hizo cada vez más amena.
Ella me prohibió llamarla doctora como lo hacía habitualmente en el trabajo y comenzamos a tratarnos de vos y tu mezclado entre su nombre y el mío y entre risas y anécdotas laborales,  la noche y la ruta nos siguieron mostrando la belleza mendocina kilómetro tras kilómetro, la temperatura comenzó a bajar rápidamente y al llegar al puente del Inca, la noche parecía  de día a la luz de la hermosa luna. Paramos aquí, dijo ella, y así fue, en la ruinas de un viejo hotel donde las aguas termales bañaban las piedras de lo que queda de dicha construcción, y entre saltos y piruetas entre las piedras la geóloga me fue contando la historia de dichas piedra y el porqué de cada color y el motivo del tipo de agua y su temperatura.


Mientras me comentaba el color de los metales que se encontraban en las piedras a temperatura elevada y el agua que largaba un vapor casi sanador según recuerdo, ella se comenzó a quitar la ropa. 

Una vez desnuda totalmente se acomodó en una pileta muy rústica tipo bañera por donde corría el agua a temperatura elevada, yo asombrado quede inmóvil por la acción, pero ante el pedido de, antes de quitarte la ropa ve al carro y trae los toallones del baúl y el mate, no tuve opción, y en minutos estaba sentado frente a ella, disfrutando de la hermosa temperatura de aquella agua y de un rico mate en una situación jamás pensada pero inolvidable.


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